¿Mal día? Estrategias para cambiarlo

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¿Mal día? Estrategias para cambiarlo

¿Te parece que todo va mal y en la dirección equivocada? Un mal día le puede pasar a cualquiera, pero también es posible evitarlo. Averiguar como.

Última actualización: 19 de mayo de 2019

Todos podemos tener un mal día. No es un drama, pero a veces puede afectar a toda la semana. Desafortunadamente, un mal día puede cambiar por completo nuestro estado de ánimo.

Un mal día puede afectarnos hasta el punto de tener repercusiones también en las relaciones con amigos y familiares. Esto sucede cuando nos vemos atrapados en el mal genio y los pensamientos negativos. La consecuencia es lógica: para los que están cerca de nosotros se vuelve muy difícil comunicarse.



Cuando tenemos un mal día, el peor aspecto es definitivamente el contacto con otras personas. Por un lado, sentimos la necesidad de desahogarnos; por otro lado, no queremos pasar nuestros problemas a otros. De esta manera solo aumentamos nuestra frustración.

Qué hacer para afrontar mejor un mal día

Hay numerosos aspectos que pueden afectar tu día y convertirlo en negativo, desde un café derramado hasta una discusión con tu pareja. Muchos de estos condicionamientos también están al acecho en el lugar de trabajo. Piensa, por ejemplo, en un embotellamiento de camino a la oficina, una fecha límite próxima, un comentario que te molestó…

Todos estos factores se suman y comprometen seriamente la calma. Dependiendo del nivel de estrés de la situación, nos convertimos en una bomba de relojería: a punto de explotar en cualquier momento.

Estrategias para mejorar un mal día

Identificar los condicionantes

Estos son los detalles que, sumados, conducen a un mal día. Pero nosotros mismos creamos las condiciones, en base a hechos o circunstancias a los que damos demasiada importancia. En realidad, estos son solo detalles en los que nos detenemos demasiado.



En primer lugar, por lo tanto, necesitamos entender qué eventos son realmente importantes. Solo así podremos empezar a dar menos importancia a los pequeños inconvenientes cotidianos.

Preocuparse por las cosas importantes

Es cierto que hay hechos y situaciones que merecen toda nuestra atención y pueden llegar a ser preocupantes. Pero en la mayoría de los casos este no es el caso. Preocuparse demasiado por cosas menores puede causar una angustia emocional significativa.

Dar la prioridad adecuada a los eventos.

A menudo, especialmente cuando el estado de ánimo es negativo, tendemos a sobredimensionar la importancia de los pequeños eventos. Esto se debe a que no estamos priorizando las cosas correctamente. De hecho, no tiene sentido ensalzar situaciones que pueden resolverse por sí solas.

Para evitar esto, es esencial entender qué aspectos reservar importancia. ¿Cuáles son los aspectos que realmente queremos trabajar? ¿A qué no estamos dispuestos a renunciar?

Aprende a disfrutar de las cosas que te gustan

En relación con el punto anterior, el primer lugar de la lista de prioridades lo deben ocupar nuestras pasiones o pasatiempos. Estas son precisamente las actividades que hacen feliz a una persona.

Fomentar un estado de ánimo positivo ayudará a evitar las emociones negativas. Un simple paseo por un lugar agradable, una buena lectura, preparar un plato que nos guste mucho... En definitiva, hacer lo que más nos gusta, incluso lo más sencillo, es una gran ayuda para mejorar el estado de ánimo.

Ejercicio

Cualquier tipo de ejercicio hace que el cuerpo segregue endorfinas: las hormonas de la felicidad. Además de favorecer la secreción de esta hormona, la actividad física ayuda a relajar la mente. Esto sucede especialmente durante las lecciones guiadas, como las que se realizan en el gimnasio.


Gracias a la concentración en la actividad física, la mente se relaja. Mientras estamos completamente absortos en el ejercicio nos olvidamos de los miedos que nos provocan los problemas que tendemos a anticipar.



Sonreír para mejorar un mal día

La sonrisa es probablemente la expresión más genuina de felicidad. Algunos estudios han demostrado que al adoptar la actitud típica de una emoción, también reproducimos su sensación. Esto quiere decir que sentirnos felices nos hace sonreír, pero también que sonreír nos hace felices.

Estos estudios también han demostrado que la posición de la boca sonriente promueve la secreción de dopamina, otra hormona de la felicidad. De esta forma podemos “engañar” a nuestro cerebro simplemente con una sonrisa durante unos segundos. Es suficiente para que se genere dopamina.


Es importante no dejarse llevar por las emociones negativas provocadas por pequeños detalles. De esta forma evitaremos tener un mal día, con todas las consecuencias que puede tener sobre nuestro bienestar emocional. Si nos dejamos influir por pequeños acontecimientos negativos, ya no seremos capaces de afrontar las situaciones realmente importantes. Y también dejaremos de disfrutar de las cosas positivas de la vida.

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