Economía gig: ¿cómo adaptarse?

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Joe Dispenza
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Economía gig: ¿cómo adaptarse?

La gig economy, o economía de los puestos de trabajo, está en gran expansión. Si se gestiona bien, es una forma adecuada de trabajar. Su mala gestión, por el contrario, puede generar mayor inseguridad y la vulneración de los derechos de los trabajadores.

Última actualización: 15 de junio de 2020

El mundo cambia rápido. En varios aspectos, el ritmo de las transformaciones es más rápido que nuestra capacidad para asimilarlas. Uno de los cambios más impactantes es el de la llamada gig economy, o economía del empleo.



La gig economy es una nueva forma de trabajar. Sus principales características son la utilización recurrente de contratos de corta duración para la realización de actividades en función del volumen de demanda.

Es precisamente esta dinámica la que hace que hoy en día parezca cada vez más difícil encontrar un trabajo estable y duradero. En tales condiciones es difícil iniciar proyectos de vida a mediano y largo plazo debido a la incertidumbre que la caracteriza.

Para algunos, es una de las formas más obvias de inestabilidad laboral. Para otros, es una dinámica imparable que la mayoría de los emprendedores tienden o tenderán en el futuro. Un cambio irreversible que nos obliga a cuestionar los planes de futuro.

"Si todos limpian la acera, la calle estará limpia".

-Goethe-

Gig economy, la economía del empleo

El modelo económico de la gig economy es muy querido por los emprendedores. En primer lugar, porque te permite no incurrir en ningún gasto por la seguridad social de los trabajadores. En segundo lugar, porque esta nueva modalidad les permite responder estrictamente a la ley de la oferta y la demanda, y no a las obligaciones impuestas por la legislación laboral.


Para los trabajadores, sin embargo, la perspectiva es completamente diferente. En algunos casos podría incluso ser la condición ideal, en términos de mayor independencia. Si el trabajo eventual se paga adecuadamente, también puede convertirse en una alternativa atractiva. Si no, se convierte simplemente en una forma de devaluar el trabajo y los ingresos.


Hoy más que nunca, el trabajo se ha convertido en una mercancía. La fuerza de trabajo se compra y se vende en el mercado. Hablamos de una modalidad que ha traído consigo la tecnología y que ha cogido por sorpresa a muchos trabajadores. El tema está actualmente en debate.

Derechos del trabajador en riesgo

La mayoría de los trabajadores que caen en la cuenca de la economía colaborativa creen que es mejor tener un ingreso que estar desempleado y sin un centavo. Sin embargo, varias instituciones han comenzado a cuestionarse los riesgos que conlleva este nuevo modelo.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte algunos aspectos importantes. Destaca que el principal riesgo de este modelo de trabajo es la pérdida progresiva de los derechos laborales, ganados por las generaciones anteriores. Además, por supuesto, de la precariedad de la vida de los propios empleados.

El principal problema es que la gig economy se ha convertido en una importante fuente de empleo. Y si no existiera, probablemente habría más desempleo. Situación que, a su vez, se convierte en la peor forma de inseguridad de la vida de un individuo. Se configura por tanto como una paradoja sin solución.

Adaptación al modelo gig economy

Las innovaciones tecnológicas y las nuevas dinámicas financieras globales difícilmente nos harán volver a un modelo de trabajo similar al del pasado. Para crear puestos de trabajo, los empresarios también necesitan que el mercado ofrezca cierta certeza de crecimiento. En este sentido, muchas empresas han dejado de trabajar en determinados sectores nicho para centrarse en proyectos que empiezan y acaban, creando así mucha más incertidumbre.


Sin embargo, esto no justifica que los éxitos de los empresarios y empresas deban basarse en condiciones de trabajo degradantes para el trabajador. Está claro que ambos tienen que emprender un proceso de adaptación a las nuevas condiciones que dicta la tecnología y los cambios resultantes. Y esto también requiere una revisión de la legislación pertinente.



Conclusiones

Los propios trabajadores deben impulsar un cambio activo que tenga en cuenta los siguientes puntos:

  • Cuanto más informal sea el trabajo, mayor será el salario. Si los trabajadores aplican este criterio, los empresarios probablemente tendrán que reajustar sus planes, teniendo en cuenta esta variable.
  • Establecer tarifas mínimas para el servicio. Cada trabajador debe calcular el mínimo requerido para su trabajo por unidad de tiempo, teniendo en cuenta las circunstancias y los recursos que requiere el trabajo. Lo ideal sería no aceptar nada por debajo de este salario.
  • Autogestión. Quienes trabajen en este sector tendrán que planificar bien sus gastos, dejando también un margen de ahorro para el “downtime”. En este contexto, saber administrar bien el dinero es fundamental.

La consigna es flexibilidad y amplitud de miras, pero también seguridad y límites claros. El problema de la economía de los conciertos ciertamente no se quedará en el camino, de hecho, es probable que crezca. Todos tenemos la tarea de analizarlo en profundidad y definir la forma más sana de adaptarnos y explotar esta dinámica de mercado.


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