A ustedes que ya no están: los extrañamos

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Joe Dispenza
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FUENTES CONSULTADAS:

wikipedia.org

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A ustedes que ya no están: los extrañamos

Última actualización: 24 agosto 2015

Miro al cielo y trato de verte entre muchas estrellas, busco tu imagen perdida en las sombras. Dibujo tu rostro en las nubes que veo pasar; viaja sin rumbo y, dejándome guiar por la luna, le pregunto: “¿Dónde estás?”. Y entonces mi pecho se estremece, dándome la respuesta con una lágrima cayendo que me hace darme cuenta nuevamente que ya no estás aquí, pero que sigues en mi corazón.



Me gusta pensar que existe un universo paralelo en el que conviven las almas que han dejado este mundo.. Me gusta pensar que los recién llegados traen algo de los que ya no están. Me gusta aferrarme a la idea de que hay algo o alguien cerca de mí, tocándome levemente.

Es una forma de revivir a los que se han ido, a los que vemos en el cielo, que iluminan cada noche de nuestra vida. Es así: necesitamos sentir su presencia, aunque sabemos que nunca volverán.

Cada persona que se ha ido de nuestra vida es una estrella en el cielo, una estrella que nunca dejará de brillar. Porque es dentro de nosotros donde quedan los recuerdos de lo que esas personas significaron para nosotros y lo que representarán para siempre.

¿Cómo escribir una historia cuando aún no ha terminado?

Cuando una persona se va, nuestra vida se detiene, nuestro corazón da un brinco y nos paralizamos. Sin embargo, si hay una forma de empezar a escribir nuestra historia es con lágrimas y con esperanza.


Cuando alguien muere, no se va solo, se lleva una parte de tu alma, para coserle las alas, para que pueda volar contigo.


El abandono de un ser querido nos enseña que no es la muerte lo que nos asusta, sino el dolor de saber que, por mucho que lloremos y suframos, nunca más la volveremos a ver.

Esto da miedo, mucho miedo. Es un dolor que penetra muy profundamente y que ni sabemos ni queremos soltar. ¿Por qué, después de todo, es un método al que nos aferramos, al menos durante los primeros meses, para tener presentes a estas personas en el día a día.

Todavía los necesito, nunca dejaré de desearlos.

A menudo, cometemos el error de pensar que, con el tiempo, dejaremos de sentirnos mal; esto puede hacernos sentir culpables. Perder a un ser querido siempre duele, seamos realistas.

Hay un largo camino por recorrer, hay que tocar fondo, hay que llorar y sentir en el fondo que algo se ha roto, que alguien se ha ido; hacer la comparación entre un "antes" y un deprimente "después" de nuestra vida es inevitable.

Sin embargo, aunque nunca dejemos de sentir la sensación de soledad y el dolor de la muerte de un ser querido, podemos recuperar nuestra vida y nuestras ganas de vivir.

A pesar de todo el dolor y la tristeza, nuestra vida diaria sigue; debemos aceptar el abandono, comprender el significado de la muerte y el de la vida.


No es fácil recuperarse y admitir que una parte de nuestra vida ha quedado inconclusa: pasan los meses y seguimos recordando, sintiendo y pensando en todo lo que queda pendiente.


Abrázalos y renace

Cuando la vida te separa de un ser querido, el recuerdo de su sonrisa es el mejor impulso para seguir adelante.

Daríamos cualquier cosa por volver a escucharlos, por tenerlos con nosotros unos minutos más y contarles todo lo que nos angustia. Pero es posible superar este momento, puedes encontrar la forma de vivir con el sufrimiento y las ganas de volver a verlos.


La mejor forma de avanzar es reinventando los abrazos, convirtiéndolos en recuerdos y evocándolos cada día.. Nuestro mayor regalo será añadir un poco de alegría a nuestros días, haciendo partícipe de nuestra alegría al recuerdo de aquellas personas.

Fuente: “La muerte y la vida después de la muerte” - Elisabeth Kübler-Ross

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