7 lecciones que no querrás aprender demasiado tarde en la vida

7 lecciones que no querrás aprender demasiado tarde en la vida

Toda la vida es un proceso de aprendizaje. Si dejamos de aprender, cuando creemos que ya nada puede sorprendernos y nos abandonan las ganas de descubrir cosas nuevas, comenzamos a morir lentamente. Sin embargo, hay algunas lecciones que debemos aprender lo antes posible, para evitar luego arrepentirnos de todo lo que quisimos hacer y lo que no hicimos. Al respecto, la escritora estadounidense Harriet Beecher dijo: "Las lágrimas más amargas serán las de las palabras no dichas y las obras inconclusas".



Valiosas lecciones de vida para evitar arrepentimientos

1. La vida es ahora. Pasamos demasiado quejándonos del pasado y preocupándonos por el futuro, mientras el presente se nos escapa. Vivimos en dos épocas que no existen, ya que dejamos que todo lo que realmente tenemos, el "aquí y ahora", se desvanezca. Cuanto antes aprendamos esta lección, antes podremos aprovechar al máximo nuestro tiempo.

De hecho, aprender a disfrutar del aquí y ahora, prestando más atención a nuestro entorno y a los que nos rodean, evitará que nos arrepintamos en el futuro. Cuando nos demos cuenta de que estamos aprovechando al máximo nuestro tiempo, no tendremos motivos para arrepentirnos.

2. No viva pensando en lo que "debe" y "no debe" hacer. La familia, la pareja, los amigos y la sociedad en general depositan muchas expectativas sobre nuestros hombros. Otros esperan que nos comportemos de determinada manera, que tomemos determinadas decisiones e incluso que sintamos determinadas emociones. Sin embargo, orientar nuestras vidas para tratar de complacer a todos es la forma más segura de ser infelices.

A veces, nuestros deseos, sueños y decisiones no coinciden con las expectativas de los demás. ¡Pero no importa! No tenemos que sentirnos culpables por eso. Si somos felices, transmitiremos esta felicidad y haremos felices a los demás. Y este es el verdadero significado de la vida, o al menos debería serlo. Y no necesitamos el permiso de nadie para ser felices o para mostrarnos el camino a seguir, porque cada camino debe ser diferente. Por lo tanto, no limite su vida para cumplir con las expectativas de los demás.



3. No haga una tormenta en un vaso de agua. Tenemos un talento innato para la tragedia. Pero cada vez que ponemos en marcha nuestro pensamiento catastrófico, solo logramos lastimarnos a nosotros mismos. De hecho, es probable que en más de una ocasión, cuando mires hacia atrás, te des cuenta de que te has preocupado sin motivo o que has reaccionado exageradamente, temiendo siempre lo peor.

La vida suele cuidarse de poner todo en su sitio y nos enseña a tener una perspectiva más realista y objetiva ante las situaciones que afrontamos. Pero si aprendemos esto desde el principio, nos ahorrará muchos dolores de cabeza. Recuerda que cuando estamos inmersos en el problema, siempre parece más grande de lo que es, pero basta con dar un paso y salir afuera para poner todo en perspectiva.

4. Enfréntate a tus miedos antes de que te consuman. Todos tenemos miedo, es normal y no debemos avergonzarnos de ello. En realidad, el miedo es una emoción defensiva y nos advierte que algo puede ser peligroso. Pero hay miedos que nos paralizan, nos impiden crecer. En tales casos, es necesario superarlos.

De hecho, los miedos son solo un producto de nuestra mente y nuestras inseguridades. Un filósofo francés dijo: "El hombre que tiene miedo cuando no hay peligro, inventa el peligro para justificar su miedo". La buena noticia es que cada vez que superamos un miedo ampliamos un poco nuestra zona de confort, crecemos como personas y ampliamos nuestro horizonte.

5. Un paso a la vez llega lejos. Cuando somos jóvenes queremos todo de inmediato. Establecemos metas y si no las conseguimos de inmediato, nos decepcionamos y nos damos por vencidos. Esto se debe en gran parte a los mensajes erróneos que transmite nuestra sociedad, ya que esperamos que nuestras ambiciones se materialicen como por arte de magia.



Sin embargo, filosofías antiguas como el budismo nos enseñan que paso a paso llegaremos lejos. La prisa casi nunca es buena consejera, y lo mejor se consigue con paciencia y perseverancia. Recuerde que a menudo no es el objetivo, sino el camino lo que importa. Entonces, a veces no son los objetivos que hemos logrado lo que es importante, sino la persona en la que nos hemos convertido mientras intentamos alcanzarlos.

6. No pospongas la felicidad. Alguien dijo que si no estás contento con lo que tienes, no estarás contento con lo que quieres. La felicidad, o al menos la felicidad diaria, no se encuentra en los grandes golpes de suerte sino en las pequeñas cosas. Por eso, el mayor error que podemos cometer es posponer nuestra felicidad hasta alcanzar la meta codiciada, solo para darnos cuenta de que cuando lleguemos allí, ya tendremos una nueva meta que consumirá toda nuestra energía.


No espere resolver todos los problemas para ser feliz porque otros problemas siempre tomarán su lugar. No pongas la felicidad en espera, porque no puedes poner la vida en espera. Se supone que cada día tiene sus cosas buenas y malas, pero siempre es un regalo maravilloso que no debe desperdiciarse.

7. Aprecia todo en la vida. Con demasiada frecuencia damos por sentadas muchas cosas, creemos que siempre lo han sido y siempre lo serán. ¡Pero no es así! De hecho, a medida que envejecemos, comenzamos a apreciar esas pequeñas cosas y entendemos que cada una de ellas es un gran regalo, incluida la salud, la vida y las personas que nos rodean.

Podemos aprender esta lección cuando aún somos jóvenes y sentir gratitud todos los días de nuestra vida, un sentimiento clave para sentirnos felices y satisfechos. Entonces, todos los días, asegúrese de dar gracias por algo, por pequeño que sea. Muchas de las cosas que tienes otros no tienen, desde dar un simple paseo hasta disfrutar de la vista de una flor.


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