Mi herida no cierra porque está hecha de puntos de suspensión

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Robert Maurer
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wikipedia.org

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Mi herida no cierra porque está hecha de puntos de suspensión

Última actualización: 24 de abril de 2016

Una vez de niño me lastimé el brazo, el médico me trató, me explicó el proceso por el cual se curan las heridas. Algunas heridas requieren sutura, algunos puntos, otras no, pero todas requieren tratamiento y tiempo para desaparecer. A veces queda una pequeña cicatriz, otras desaparecen por completo.


Una herida del alma es semejante a una del cuerpo; no es visible, pero lo sentimos en lo más profundo de nuestro ser, nos hace sufrir y solo el paso del tiempo y nuestra voluntad permitirán que sane. Sin embargo, al igual que una herida física, la del alma puede dejar cicatrices que nos recordarán lo que pasó y lo que sentimos.


Cómo aprender a olvidar los eventos negativos

Cada uno de nosotros ha vivido situaciones muy complicadas de olvidar, que duelen. Puede ser una infancia complicada, una ruptura de pareja, la muerte de un ser querido, alguna situación en el trabajo que nos haya hecho sentir mal. Situaciones que generan una herida en nuestra alma.

Las situaciones vividas que nos han hecho daño o que nos han influido negativamente pueden ser de diferentes tipos, pero solo nosotros podemos administrar y controlar la forma en que nuestras experiencias nos afectan.

El primer paso para olvidar es aceptar. No es necesario desterrar la memoria del todo, porque recordar es humano y no podemos evitarlo, pero debemos hacer un esfuerzo por aceptar esa memoria, dejarla en la memoria y vivir con ella de manera pacífica.

No se trata de olvidar por completo, sino de no dejarse invadir por el sufrimiento cada vez que este doloroso recuerdo vuelve a nuestra mente.



Una vez que aceptamos el recuerdo, podemos perdonar. No se trata de perdonar a los demás, sino de perdonarnos a nosotros mismos sin culparnos a nosotros mismos. Saber que el pasado no se puede cambiar, pero el futuro sí y está en nuestras manos vivir el futuro de una manera diferente sin que nos afecten los recuerdos negativos.

Si aprendemos a ver lo que nos ha lastimado en el pasado, también podemos apreciar el hecho de que hay eventos en los que debemos asumir la responsabilidad. No significa sentirse culpable, sino aprender a ver lo que pasó objetivamente y crecer.

Toma control de tu vida

Las heridas del alma a veces son más dolorosas que las físicas y duran mucho más, pero llega un momento en que debemos arriesgarnos y tener el coraje de tomar el control de nuestra vida y de nosotros mismos, dominando y manejando nuestras emociones.

Tomar el control de tu vida es una acción que requiere coraje y honestidad. Significa ser realista y ver si hay algo en tu vida que no está bien o que no quieres; todo esto depende de una sola persona: nosotros. No depende de otras personas ni de otras situaciones.

Lo que pasa todos los días en tu vida depende de tu actitud, de lo que haces o dejas de hacer, de la sonrisa, de la alegría, de las ganas de superación.


deja pasar el tiempo

Es cierto que el tiempo lo cura todo o, al menos, nos permite tener una perspectiva diferente, aunque no todos necesitamos el mismo tiempo para eliminar o mitigar los recuerdos dolorosos.

Cada persona es diferente de la otra y la nuestro duelo contra recuerdos difíciles o situaciones que nos han lastimado lleva más o menos tiempo.


Una ruptura amorosa con alguien a quien hemos amado mucho es complicada de olvidar y aceptar, pero con el tiempo, poco a poco, nos daremos cuenta de que quizás tuvo que pasar para que otra persona llegara a nuestra vida o para que aprendiéramos a disfrutar de la nuestra. soledad

Esta situación es sólo un ejemplo, pero nos permite ver cómo el lento paso del tiempo cura nuestras heridas poco a poco hasta que, un día, desaparecen sin darse cuenta.

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