La curandera: la que ve la vida con amor y bondad

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Joe Dispenza
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La curandera: la que ve la vida con amor y bondad

Última actualización: 03 de diciembre de 2015

Todas las mujeres del amor son mujeres medicina. Hablamos de mujeres llenas de fuerza, que regalan bondad a quienes las rodean, que miran la vida con ojos serenos, que se sienten cómodas con su identidad, que sanan con un simple beso.

Una curandera es aquella que infunde energía, transmite cariño, abraza el amor con amor, que profundiza, que es generosa, que conoce el perdón, que vive en la gracia y que enseña a conocer.



Una mujer-medicina es humana, compasiva, consciente de su poder, de su inspiración, de su permanencia, de su caos, de su orden, defiende su vida, sus necesidades, sus sueños.

El don de ser curandera

La mujer-medicina es lo que queda. Ella es la que siempre abre su corazón, la que tiene un paso decisivo, la que está pendiente de lo que sucede a su alrededor, la que es una presencia determinante.

No conoce la perfección ni siquiera la imperfección: simplemente es lo que es. Y, con ese mismo poder, ayuda a los demás a ser como son. Esto requiere una lucha contra los prejuicios, un conflicto con el entorno que nos rodea.

Porque ser mujer-amor no siempre es fácil, hay que luchar. Debemos luchar contra todos los obstáculos que nos impiden vivir y disfrutar cada momento, que intentan atentar contra nuestros derechos, que quieren someter nuestros sueños, que desprecian nuestras necesidades.

Ser curandera también significa saber decir basta y no permitir la sumisión. significa ser ella misma, sin necesitar a nadie, sino amando sin límites y por encima de todas las posibilidades. Esta es precisamente la escala que hipnotiza el equilibrio emocional de la mujer.



El poder del amor de las mujeres.

No hay nada más fuerte que el amor de una mujer comprometida con su bienestar, que se acepta a sí misma, que entiende su presente y tiene en cuenta su pasado.

A través de sus experiencias y conocimientos, la curandera comprende la profundidad del tiempo, la trascendencia de los deseos y la importancia de acumular sueños hechos realidad.

Cada mujer lleva dentro de su alma una guerrera que patea, que le da luz, esperanza, fuerza y ​​armas para luchar. Es este guerrero interior quien sanó sus heridas y la consoló después de las traiciones, engaños y rechazos.

Esa luz es la misma que le permite madurar, ser sensual, explotar su inteligencia, saber manejarse, equilibrar la intuición y la razón, embellecer el arte de vivir y luchar contra la adversidad.

El corazón de la mujer, un océano de misterios

El corazón de la mujer-amor es un océano de misterios lleno de peces que brillan en la noche, lo que la hace extraña y mágica. El corazón de la curandera muestra la profundidad de miles de misterios.


Es un corazón que late por sí solo, que está hecho de bondad, respeto, seguridad, fuerza, inteligencia y cariño. Estos son los principios que rigen a la mujer-medicina, la que observa generosamente su vida.

Las acciones están conectadas entre sí y están en equilibrio con los sentimientos y pensamientos. La curandera es consciente de la persona que es, de lo que ha sido y de lo que es capaz de ser. Porque la mejor cura es la aprobación.


La curandera está vestida de fuerza y ​​dignidad., de llaves que abren puertas, de colores con matices vivos, de motivos y motivos a los que aferrarse.

La mejor medicina para el alma es la dulzura de otro ser humano, la amabilidad y sensibilidad de quien nos escucha, de quien se trata con respeto y aprecia a los demás como si fueran un tesoro. Estas son las cualidades que definen a la mujer-amor, a la mujer-medicina.

Imágenes cortesía de Claudia Tremblav

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