Ansiedad patológica y ansiedad adaptativa

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Ansiedad patológica y ansiedad adaptativa

Sentirse ansioso cuando existe un riesgo, peligro o amenaza es saludable. Nos volvemos ansiosos por poder hacer frente a estas situaciones. El problema surge cuando los episodios de ansiedad no se deben a una amenaza real.

Última actualización: 22 de abril de 2019

Hoy en día la palabra ansiedad ha adquirido una connotación bastante negativa. Sin embargo, no debe verse como una etapa positiva o negativa como tal, sino más bien como un mecanismo de supervivencia propio de la condición humana. Si no nos sintiéramos ansiosos ante un peligro real, no podríamos prepararnos mejor para afrontarlo. Sin embargo, es importante hacer una distinción entre ansiedad patológica y adaptativa..



Esta emoción funciona como una especie de señal de alarma, activándose cuando percibes la presencia de algo potencialmente dañino. Esta activación nos permite afrontar la huida o la lucha. El papel fundamental de la ansiedad es, por tanto, protegernos y preservar nuestra integridad y nuestra vida. En estos casos hablamos de ansiedad adaptativa.

Una situación diferente ocurre cuando no existe una amenaza real, pero la ansiedad se desencadena por un peligro imaginario o impreciso. Ahí es cuando surgen los problemas. Puede experimentar fuertes descargas de ansiedad ante un estímulo insignificante o incluso inexistente. En estos casos, la etapa tiende a prolongarse y volverse muy intensa. Esta es la ansiedad patológica.

“La ansiedad no se puede evitar, pero se pueden tomar medidas para reducirla. A la hora de gestionar la ansiedad, la pregunta sencilla: hay que bajarla a niveles normales para que actúe como estímulo para aumentar la autopercepción, la atención y las ganas de vivir”.
-Rollo May-

Veamos cuáles son los aspectos que cambian entre la ansiedad patológica y la ansiedad adaptativa.



Diferencias entre ansiedad patológica y adaptativa

1. Intensidad

La intensidad es uno de los factores que determinan la diferencia entre la ansiedad adaptativa y la ansiedad patológica. En el primer caso, la intensidad es proporcional al valor que le damos al daño potencial del estímulo que tenemos delante.

Si nos encontramos ante un león libre, es probable que nuestro nivel de activación suba a mil. Si nos enfrentamos a un examen de rutina o si nos quedamos atascados en el tráfico, es probable que la intensidad sea menor.

Al contrario, en el caso de la ansiedad patológica la intensidad tiende a ser muy alta: hay una gran distancia entre el grado de amenaza real que implica el estímulo y lo que la persona percibe. Así, cruzar una calle puede convertirse en motivo de terror, al igual que mirar por la ventana de un edificio alto, aunque esté cerrado.

2. La frecuencia, un factor que marca la diferencia

Otro elemento que marca la diferencia es la frecuencia. Cuando hablamos de ansiedad adaptativa, los episodios se presentan ante un estímulo concreto que merece nuestra atención, que no sucede muy a menudo. Pueden pasar varios días sin que te enfrentes a una amenaza grave.

En el caso de la ansiedad patológica, en cambio, los episodios son frecuentes, hasta el punto de provocar diversas consecuencias negativas en la vida de la persona.

En los casos más extremos aparece de forma continua. Los peligros se ven por todas partes; si la persona está en casa, teme que en cualquier momento pueda haber un terremoto; si está en la calle, tiene miedo de que la roben o la atropelle un coche.


3. Nivel de reacción

El nivel de reacción en la ansiedad adaptativa es lo que uno esperaría de una persona promedio. Corre si necesitas protegerte de un objeto que cae, escóndete si ves un matón o un animal que te ataca. Reacciones comunes a cualquier persona.


En el caso de la ansiedad patológica las reacciones son desproporcionadas. La persona pierde el control y actúa de manera errática, incluso si no hay un peligro evidente. Es el caso de quienes se lavan 500 veces al día por miedo a contagiarse de alguna enfermedad.

4. duración

Otro elemento importante es la duración de los episodios.. En la ansiedad adaptativa, los episodios tienen una duración limitada. Aparecen ante un riesgo o peligro y finalizan cuando el estímulo desaparece o es controlado.


En el caso del patológico, las etapas tienen una duración prolongada. La ansiedad nunca desaparece por completo, sino que crea una especie de eco emocional que se mantiene en el tiempo. Cuando la persona pierde el control, no es fácil recuperarlo.

5. Profundidad

El sufrimiento existe en la ansiedad adaptativa, pero es transitorio y llega a cierto punto. En general, se desvanece y no deja rastro en la vida cotidiana. Pasado el susto, la persona reanuda sus actividades sin problemas.

En la ansiedad patológica el grado de sufrimiento es mucho mayor. La ansiedad experimentada es profunda y deja una huella visible en la vida de la persona. El episodio vivido comienza a afectar el desarrollo de su vida.

Ligado a este punto, recordamos otro elemento muy importante. L’ansia patologica è legata a un “elemento anticipatorio”, o lo que siente una persona ante la expectativa de que un estímulo negativo experimentado en el pasado volverá. Por eso nunca está quieto.


Como hemos visto, la ansiedad adaptativa es una reacción perfectamente razonable que se produce ante situaciones que activan nuestros mecanismos de supervivencia. Por el contrario, el patológico es una etapa formada por fuertes componentes irracionales y que requiere la intervención de un profesional.

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