no soy una princesa

Quien soy
Robert Maurer
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FUENTES CONSULTADAS:

wikipedia.org

no soy una princesa

Última actualización: 02 2016 noviembre

No soy una princesa, porque no llevo zapatillas de cristal, sino zapatos manchados de barro para poder saltar a los charcos con el único fin de disfrutar de mi libertad. La libertad de hacer lo que hago porque quiero y no porque alguien me lo diga.

No soy una princesa, porque mi pelo en invierno se parece más al de Chewbacca que al de la princesa Leia, y eso no me importa. Pueden decir lo que quieran, pero el cabello te mantiene caliente. Y si son negros, también se pueden combinar con todo.



No soy una princesa, porque cuando me despierto tengo el pelo desordenado, espuma en la boca, el pijama manchado de la menstruación y sé que todo esto es normal. Durante la noche dibujo "Picassos" en la almohada, porque nunca recuerdo haberme quitado el maquillaje antes de acostarme.

No soy una princesa, porque no tengo ningún castillo, aparte del de la ropa sucia que se amontona en mi silla. No soy una mujer modelo en lo que respecta a mi comportamiento, hogar, familia o cuidado del cabello. Ser mujer no te otorga los superpoderes necesarios para realizar todas estas actividades a la perfección.

No soy una princesa: valgo mucho más

No soy una princesa ni un arma de seducción masiva, porque no soy un objeto sexual baladí que está ahí para complacer a los demás. Mi vida no se trata de amor o solo de familia: tengo un trabajo y una vida más completa que puedo mostrarle al mundo.

No soy una princesa porque vivo mi vida sexual con libertad, sin esperar a que un príncipe azul me conquiste. Esta libertad sexual no me convierte en una chica fácil o una chica mala, simplemente me permite vivir la sexualidad sin complejos ni sentimientos de culpa.



No soy una princesa, ni una manipuladora obsesionada con conseguir lo que quiere a través del físico, para que los hombres no me puedan negar nada. No: los hombres no son tan tontos como para pensar sólo en el sexo, al igual que yo no soy lo suficientemente estúpido como para reclamar respeto por mí y luego esperar que se dobleguen bajo el arma de mi cuerpo.

No soy una princesa y tampoco lo son las mujeres que me rodean. Soy ingeniero, mesero, futbolista, periodista, soy alto, bajo, rubias, morenas, delgadas o con sobrepeso, pero sin duda no son princesas. No tienen sangre azul, tienen sangre menstrual. Esa sangre roja y dolorosa que trae cambios de humor e irritabilidad, que cuando no aparece nos asusta y cuando desaparece (lo llaman menopausia) nos hace sentir mal.

No soy una princesa, porque no soy de la realeza, sino de la realeza, y como todas las mujeres de la realeza, no necesito un príncipe azul que me cuide. Sé perfectamente que los principios no existen, ya que ellos también son personas normales como yo.

no eres un principe azul

Yo no soy una princesa y tú no eres un príncipe azul. Tú no tienes la entrepierna blanca y yo no tengo falda de tul. Así como eres diferente de tus amigos, yo soy diferente de mis amigos. Por eso, no existe la receta perfecta para la seducción: a ti te gusta una cosa, mientras que a tus amigos les gusta otra. Lo mismo sucede entre las niñas.


No soy una princesa y no hay libro de instrucciones para abrir mi corazón, como no hay nadie para abrir el tuyo. No hay arte de seducción y insistir en una mujer no es una técnica ganadora. La insistencia en un "no" es acoso; no hay delicadeza ni dulzura que aguanten frente a un "no". Esa declaración solo debe ser respetada, es una orden de expulsión.


Yo no soy una princesa y tú no eres un príncipe azul y en este punto espero que lo hayas entendido. Y espero que también hayas entendido que soy igual que tú. Las princesas se ven bien en los cuentos de hadas, tú y yo tenemos la vida para vivir.

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