"Flores en el desierto", una historia sobre cómo reconocer el amor

"Flores en el desierto", una historia sobre cómo reconocer el amor

Última actualización: 14 2016 noviembre

¬ŅAlguna vez el amor ha llamado a tu puerta y has dudado si abrirla o no? Tal vez no estabas seguro de que fuera realmente amor. No siempre es f√°cil reconocerlo. ¬ŅC√≥mo estar seguro?

Con esta historia te mostramos que es posible confundirse en el amor, pero que hay algunas se√Īales que nos pueden ayudar a entender si nos estamos esforzando por sembrar y regar algo que no es una flor. Disfruta leyendo.



“Camilla vivía en el desierto y nunca había visto una flor.

Un d√≠a abrieron una florister√≠a en el desierto vecino. Tambi√©n hab√≠a una fruter√≠a, pero esto no llam√≥ la atenci√≥n de Camila. Solo las flores la dejaron sin palabras: ¬°por fin pudo descubrir lo que significaba admirar y oler una! Seg√ļn sus familiares que viv√≠an en el campo, no hab√≠a sensaci√≥n comparable a la del mundo.

Con atenci√≥n, mir√≥ el cat√°logo de flores de temporada y qued√≥ fascinada con una flor de p√©talos muy finos, de color rojo p√ļrpura, brotando de una especie de cris√°lida de hojas verdes. ‚ÄúAy, qu√© hermosa es esta flor, pero qu√© mal nombre tiene‚ÄĚ, pens√≥ Camila al leer que se trataba de un cardo.

Camilla tuvo verg√ľenza de pedir su flor

Cuando llam√≥ para hacer su pedido, le daba verg√ľenza llamar a la flor por su nombre decir "Me gustar√≠a un cardo", luego lo describi√≥. En menos de media hora, el repartidor lleg√≥ con su camello y le entreg√≥ una bolsa de papel.

Camila no lo sab√≠a, pero el repartidor no le hab√≠a tra√≠do un cardo, sino una alcachofa. Acerc√≥ la nariz, pero no percibi√≥ ning√ļn perfume envolvente. Sus p√©talos, en lugar de ser delicados, le parec√≠an √°speros y fr√≠os. A pesar de esto, quiso ponerlo en el agua pensando que tal vez era cuesti√≥n de tiempo y las flores moradas saldr√≠an de su "cris√°lida".



Fue una semana muy triste para Camila ya que todos los d√≠as observaba su ‚Äúflor‚ÄĚ, pero ve√≠a que nada cambiaba, absolutamente nada. Un d√≠a tr√°gico, sin embargo, algo sucedi√≥: la alcachofa empez√≥ a perecer.

‚Äú¬ŅC√≥mo pueden decir mi familia y mis amigos que tener una flor es agradable aunque solo me dio preocupacion y tristeza?‚ÄĚ, se pregunt√≥ Camila.

En una breve ceremonia la ni√Īa enterr√≥ lo que quedaba de la alcachofa en el desierto. Con el paso de los d√≠as, se recuper√≥ y decidi√≥ probar con otra flor. ‚ÄúTal vez uno m√°s fuerte me haga feliz‚ÄĚ, pens√≥ antes de hojear el cat√°logo.

Un nuevo intento tras el primer fracaso

Camila encontr√≥ una flor, tambi√©n de p√©talos morados, que, seg√ļn la descripci√≥n, era muy resistente a las altas y bajas temperaturas. Se llamaba repollo decorativo.

Sin embargo, hasta en este caso el nombre le parecio feo, por lo que por teléfono volvió a describir la flor al comerciante.

En 20 minutos, el candente repartidor le entregó un sobre, preguntándose por qué la chica lo estaba conduciendo a través del desierto por una simple coliflor.

Efectivamente, por la descripción el comerciante entendió que Camila quería una coliflor morada y, como nunca había visto una flor, pensó que era una fase de la col antes de que su "musgo morado" se convirtiera en pétalos.

Una vez m√°s puso la planta en agua para mantenerla con vida, pero logr√≥ el efecto contrario: la coliflor se pudri√≥ y empez√≥ a emitir un olor nauseabundo. ‚Äú¬°Oh, es horrible!‚ÄĚ exclam√≥ Camilla el d√≠a que su tienda se enoj√≥. La ni√Īa enterr√≥ las verduras en el desierto -sin ceremonia- y llam√≥ a su hermana mayor que hab√≠a trabajado en un jard√≠n cuando era joven.


¬ŅC√≥mo reconocer una flor?

"No eran flores", le asegur√≥ su hermana. ‚ÄúNo s√© lo que eran, pero no eran flores. Una flor se puede reconocer porque sin duda es hermosa y huele bien con total certeza. Siempre es as√≠. A menos que lo cuides, en ese caso, claro, se pudre‚ÄĚ, continu√≥.



Termin√≥ la conversaci√≥n con una advertencia: "Cuando veas una flor, la reconocer√°s seguramente". Pasaron los meses y Camilla se dedic√≥ a otras cosas, se dedic√≥ a viejas aficiones y amigos. Cuando casi hab√≠a olvidado la historia de las flores, alguien llam√≥ a su puerta.

Las flores siempre llegan... sin avisar

Era el botones. Acababa de llevar algunas plantas a una tienda cercana y pensó en llevarle un regalo porque hacía mucho tiempo que Camilla no hacía un pedido.

El ni√Īo sac√≥ de la alforja de su camello una violeta plantada en una peque√Īa maceta de cer√°mica. Camila se asombr√≥: ‚Äú¬°Esto, esto‚Ķ es una flor!‚ÄĚ, exclam√≥ mientras la observaba de cerca e inhalaba su aroma. "Es √ļnico, conmovedor, como si al olerlo fu√©ramos uno en lugar de dos.", dijo.


El repartidor sonrió y, mientras se alejaba en su camello, se alegró de no haberle traído a Camila la remolacha que había pensado darle al principio.

El mensaje de esta historia es muy claro: el amor no tiene medias tintas, la hay o no la hay, sin duda. El amor llega sin previo aviso y llena de felicidad. Cualquier cosa que se parezca, pero que nos haga dudar, no la necesitamos y ciertamente es muy diferente.

* Historia original de Mar Pastor

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