El vértigo del desamor, cuando todo acaba

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Robert Maurer
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El vértigo del desamor, cuando todo acaba

¬ŅQu√© es la falta de amor? ¬ŅC√≥mo afecta la esfera emocional de una persona? Un viaje a una sensaci√≥n parecida al v√©rtigo y dif√≠cil de aceptar.

Última actualización: 28 de enero de 2022

Ese descenso en el que se teme experimentar la soledad más profunda, que ya no puede ser vencida por la esperanza. Esa insoportable sensación de vacío que hace desaparecer el vínculo íntimo que tenías con el mundo. La desafección es ese vértigo aterrador que derrumba la idealización de la persona amada. Como se muestra en la famosa película La mujer que vivió dos veces de Alfred Hitchcock.



El desamor crea un vértigo por el hecho de que la pareja cae desde lo alto de la felicidad perdida, sin que nada podamos hacer para evitarlo. No hay barreras ni paracaídas para mantener intacto el sentimiento de paz y equilibrio que se ha ido hace mucho tiempo. Se desmantela cualquier seguridad en la relación, haciéndonos perder el equilibrio. Justo lo que le sucede al protagonista de la película de Hitchcock.

Ante esta situación, las personas siguen huyendo o mantienen una estructura ideal que asegure la idealización de la persona amada, una persona que termina existiendo solo como una creación, en la imaginación.

El amor es en sí mismo una creación de nuestra imaginación, de lo que nos gustaría que fuera.

La falta de amor a veces provoca una negativa a entregarse a la realidad, pero cuando surge el desafecto, no hay solución para el trauma de la separación. El dolor ya no se puede transformar en magia. Con este vértigo se acaba todo.

El vértigo insoportable del desamor

Seguro que t√ļ tambi√©n preferir√≠as olvidar, de una vez por todas, una historia de amor que acab√≥ mal. El mareo aparece cuando te das cuenta de que hay un bloqueo que no se puede superar. La falta de reciprocidad, por ejemplo, o de intriga o misterio, as√≠ como el cansancio o incluso una profunda decepci√≥n.



La muerte del amor: reconocer que el otro nunca fue lo que cre√≠as que era. Ese amor so√Īado y correspondido era, en cambio, una ilusi√≥n est√ļpida, marcada por la mentira y continuada con vulgares m√°scaras. Se hace vivo el sentimiento de vac√≠o, de una relaci√≥n en la que el otro es ahora como un extra√Īo. Todo se desmorona y pierde sentido. Y donde antes escuchabas los latidos del coraz√≥n, ahora notas un eco. Que es precisamente, el estruendo de algo que suena vac√≠o.

Cuando esto sucede, hay una herida aguda y profunda en el coraz√≥n, una herida que es imposible de cerrar y que deja inerte. Eventualmente, pudiste ver a tu pareja por lo que realmente es, sin usar el filtro de la idealizaci√≥n. El camino tomado en conjunto parece plano, in√ļtil, sin sentido.

Una desafección que es vértigo porque caes desde lo alto de tu imaginación, pero nunca encuentras un suelo donde detener la caída.. Y luego la duda, ese cuestionamiento de si todo ha terminado o si, por el contrario, nunca ha comenzado.

A todos les gusta so√Īar despiertos, construir una proyecci√≥n de amor en su mente. A veces porque la realidad es insoportable, por un trauma o una gran decepci√≥n sufrida. Antes de enfrentarnos a ese v√©rtigo que llega con toda su fuerza, tratamos de dar la espalda al pasado. Pero la realidad no se puede superar tan r√°pido y, con el tiempo, esta p√°gina de recuerdos se convierte en fantas√≠a.

Sobre esta idealización del otro, imaginado sin defectos ni lados oscuros, se sustentan matrimonios e ilusiones de amores platónicos, historias que no pueden terminar y que eventualmente retomarán su camino.. A veces se crean tantos escenarios que pierdes el contacto y el sentido de la realidad, lo que podría haber sido maravilloso. Tal vez al lado de esa persona que te había amado, mimado y que nunca te abandonaría.



El verdadero amor tiene sus raíces en la realidad, no en la imaginación.

Por supuesto, el amor necesita magia, miradas y silencios. No se alimenta sólo de lo que se dice explícitamente, a la luz del sol, de una normalidad que puede volverse predecible y aburrida. A veces las palabras son el resorte de una realidad temida y postergada, de algo que había que sacar a la luz y que se mantenía oculto, como una especie de tesoro interior.

Cada historia de amor es diferente. Y, si crees que lo tuyo es en un 90% lo que siempre has imaginado pues tienes un problema. Hay historias que logran superar esa actitud casi infantil, logrando crecer y madurar en algo mucho m√°s s√≥lido y duradero. Parten de la imagen, pero consiguen abandonar la anhelada y so√Īada idealizaci√≥n, para finalmente abrazar la realidad, tan imperfecta como especial e incontrolable.


Pero este resultado solo se puede lograr si tienes el coraje de descender desde la cima de tu imaginación, renunciando parcialmente a tus expectativas. Y, este es un paso muy difícil de dar.

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