Mi pareja no me ayuda en casa, cooperamos

Mi pareja no me ayuda en casa, cooperamos

Ninguna de las tareas del hogar corresponde por naturaleza a ninguno de los dos sexos, por lo que en este sentido la discusión queda resuelta.

Mi pareja no me ayuda en casa, cooperamos

Última actualización: 06 de abril de 2022

‚ÄúMi pareja me ayuda con las tareas de la casa‚ÄĚ. Todos seguimos escuchando, para nuestra desesperaci√≥n, esta frase, esta expresi√≥n oxidada que implica una categorizaci√≥n de g√©nero que debe ser reformulada. En una casa nadie debe ayudar a nadie, porque hay una responsabilidad com√ļn, el trabajo en equipo. A la luz de esto, la oraci√≥n correcta deber√≠a ser "Mi pareja no me ayuda en casa, trabajamos juntos".



A pesar de los avances, una mentalidad diferente y cada peque√Īo logro en t√©rminos de igualdad de g√©nero, s√≠ contin√ļan percibiendo las ra√≠ces del modelo patriarcal. Es esa sombra a√ļn escondida en muchas mentes o en la inercia de un lenguaje, en el que sigue presente la idea de que el hombre aporta los recursos, y la mujer la casa y los hijos.

“Los hombres y las mujeres deben sentirse libres para ser fuertes. Es hora de ver los géneros como un todo, no como un conjunto de polos opuestos. Tenemos que dejar de desafiarnos unos a otros".

-Discurso de Emma Watson en la ONU-

Hoy, pensar que la responsabilidad de las tareas del hogar y la educación de los hijos es exclusiva de las mujeres es algo obsoleto, vestigio de un pasado que ya no se sostiene o al menos no debería. Sin embargo, no es necesario defender a toda costa una distribución justa del 50/50.

Hay que tener en cuenta que cada pareja es diferente, cada casa tiene su propia dinámica y son sus propios miembros quienes establecen la distribución y responsabilidades en función de su disponibilidad. Factores como el trabajo condicionan sin duda estos acuerdos, que deben gestionarse de forma justa, cómplice y respetuosa.



Los tiempos han cambiado (al menos un poco)

Los tiempos han cambiado, ahora somos otros, nuevos, más valientes y con muchos más retos que nuestros abuelos y nuestras abuelas. Al menos, nos gusta creerlo y por eso luchamos. Sin embargo, hay grandes puentes colgantes para cruzar. Cuestiones como la brecha salarial o la igualdad de oportunidades siguen cargando el estigma de género. Complejas luchas que siguen liderando las mujeres.

En las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, los avances en igualdad son significativos. Es claro que cada persona tendrá su propia experiencia personal, y que en cada país, en cada ciudad y en cada casa hay realidades particulares que condicionan nuestra visión sobre el tema.

La agencia Reuters, de hecho, public√≥ hace unos a√Īos un interesante estudio con un t√≠tulo sorprendente: tener pareja significa que las mujeres trabajan 7 horas extra a la semana. Tal afirmaci√≥n indica que la desigualdad en las tareas del hogar sigue siendo evidente. Sin embargo, dista mucho de los datos obtenidos desde 1976 donde la diferencia era de 26 horas semanales.

Si hace unas d√©cadas las mujeres asumieron plenamente su rol de amas de casa, hoy su figura ha traspasado la frontera del √°mbito privado al p√ļblico antes exclusivo de los hombres. Sin embargo, compartir los mismos espacios no siempre implica igualdad de oportunidades o igualdad de derechos.

Muchas mujeres asumen las responsabilidades de ambos √°mbitos. Al trabajo se suma la casa y muchas veces la educaci√≥n de los hijos. Si es cierto que en cuanto a las tareas del hogar el papel de los hombres en muchos casos es pleno e igualitario, no ocurre lo mismo en el cuidado de personas no autosuficientes. Hoy el el cuidado de los ancianos o de los ni√Īos con discapacidad recae casi exclusivamente en las mujeres.



Tareas del hogar y arreglos diarios: "Mi pareja no me ayuda"

Las tareas del hogar no son patrimonio de nadie, al contrario son totalmente intercambiables. Ni planchar es trabajo de mamá, ni reparar el fregadero es trabajo de papá. El mantenimiento de una casa, tanto en el ámbito económico como en el ámbito del cuidado y mantenimiento doméstico, es asunto de quienes viven bajo ese techo, independientemente del género.

Lo curioso es que a√ļn hoy escuchamos la frase ‚Äúmi esposo me ayuda en la casa‚ÄĚ o ‚Äúyo ayudo a mi novia a lavar los platos‚ÄĚ. Tal vez, como decimos, es simple inercia y ese patr√≥n patriarcal de hierro construido en nuestras mentes donde cada tarea se sexualiza en rosa y azul.

Los acordes cotidianos y el equilibrado reparto ofrecen armon√≠a a esa rutina dom√©stica en la que es f√°cil caer en el reproche: ‚ÄúNo haces nada en casa‚ÄĚ o ‚ÄúCuando vuelvo, estoy demasiado cansada‚ÄĚ. No se debe llegar a acuerdos por mera equidad o rol de g√©nero, sino por l√≥gica y sentido com√ļn.

Si el compa√Īero trabaja todo el d√≠a y nosotros estamos desempleados o tenemos la libertad de quedarnos en casa para cuidar a los ni√Īos, no podemos pedirle que cocine y compre nuestra ropa. Asimismo, la mujer no tiene por qu√© ser una "supermam√°". Los ni√Īos son responsabilidad de ambos., m√°s a√ļn debemos servir de modelo demostrando que no hay diferencias de g√©nero. Que hacer la cama, cuidar al perro y la casa no significa ayudar a mam√° o pap√°, es responsabilidad de todos.


‚ÄúMi pareja no me ayuda en casa, nosotros cooperamos‚ÄĚ, ¬Ņde qu√© manera?

Cada casa es diferente. Una pareja sin hijos tendrá menos tareas domésticas que una pareja con hijos; una pareja que no trabaja tendrá más tiempo. Por lo tanto, en cada familia se debe aplicar la distribución del tiempo de acuerdo a lo que sea conveniente para ambos.


Vale la pena elaborar uno lista de actividades que nos gustan y otra de las que no nos gustan. Si a tu pareja le gusta cocinar y nosotros preferimos limpiar, reparte las tareas. Muchas parejas comparten las tareas del hogar seg√ļn sus gustos, ‚Äúyo hago esto y t√ļ haces aquello‚ÄĚ y ambos son felices.

Los problemas surgen cuando a uno de ustedes (oa ambos) no le gusta hacer nada o no quiere hacer nada. Si es así, la mejor idea será planifique un horario semanal donde las actividades se desvanecen intercambiadas.

Conclusiones

Ninguna de las tareas del hogar corresponde por naturaleza a ninguno de los dos sexos., por tanto en este sentido la discusión queda resuelta. No debemos olvidar que a veces uno de los dos trabaja y el otro se queda en casa. En este caso, la distribución no tiene por qué ser justa. Si el que trabaja está fuera 8 horas, el otro tendrá más tiempo para otras actividades.

A la hora de repartir las tareas hay que tener en cuenta, por un lado, que ambos sexos son perfectamente capaces de realizar cualquier tarea. Por otro lado, ese sentido com√ļn debe usarse de acuerdo al tiempo y disponibilidad de cada uno.

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