Validando emociones: construyendo nuestra identidad

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Louise Hay
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Validando emociones: construyendo nuestra identidad

Nuestras emociones son nuestra identidad. ¿Cómo se aprende a validarlos?

Última actualización: 07 de junio de 2020

"¿Que somos?" es una pregunta trascendental que surge muchas veces cuando nos encontramos en determinadas situaciones. Cuando no sabemos qué decidir, cuando nos enfrentamos a una ruptura o cuando tenemos que decidir qué trabajo hacer. ¿Qué tienen en común todas estas circunstancias? Ponen en juego todo nuestro universo interior, y ¿Cómo validar las emociones?



Nuestra identidad y nuestro universo emocional están interrelacionados. Muchas veces la confusión sobre lo que sentimos es capaz de extenderse a otros aspectos importantes, como nuestra capacidad de control. A veces, por el contrario, tratamos de recuperar este mismo control influyendo o condicionando a los demás.

Así pretendemos ahuyentar las dudas demostrando que somos capaces de elevarnos por encima de los demás, influyendo así en la evolución de los acontecimientos.

Nuestras emociones nos definen

Aprender a identificar, regular y gestionar, es decir, a validar emociones, es un tema espinoso que atañe a la educación. Desarrollar esta habilidad es tan importante que de ello depende no solo nuestra salud mental, sino también la de quienes viven a nuestro lado.

Podemos ver las emociones como una moneda de dos caras: por un lado nos dan energía, por otro nos transmiten múltiples mensajes. Estos dos aspectos son igualmente importantes y una correcta educación emocional nos permite distinguirlos y ponerlos al servicio de nuestros intereses.

La tristeza, por ejemplo, suele invitarnos a la reflexión y nos da un incentivo para hacer una pausa. La ira, en cambio, muchas veces nos dice que hemos sufrido una injusticia y nos proporciona la energía necesaria para activarnos para que esto no vuelva a ocurrir. En todo caso, nosotros decidimos qué hacer con el mensaje que nos llega, qué sentido darle. Y siempre somos nosotros los que tenemos que regular la liberación de esa energía.



Somos responsables. El problema es que de niños casi nunca se nos enseña cómo validar las emociones, o qué hacer con ellas en la práctica, más allá de esconderlas o contenerlas.

Las emociones que sentimos son nuestra responsabilidad, pero como dependen de estímulos externos, es un hecho que nos cuesta aceptar. La tendencia a culpar a los demás de nuestro enfado, nuestra tristeza o nuestra insatisfacción es bastante común.

Es por ello que la forma en que la ira se convierta en tristeza o el miedo en alegría definirá nuestra actitud frente a los desafíos y problemas más difíciles del día a día. En otras palabras: nos definirá a nosotros mismos.

Validar emociones

La validación emocional se trata de aceptar y aceptar lo que sentimos o lo que piensa otra persona, sin importar si estamos de acuerdo con esa emoción o no. Así somos capaces de validar nuestras emociones y también las de los demás.

A nivel teórico puede parecer un simple acto; sin embargo, algunos problemas comunes a muchas relaciones confirman que no es así. Acusaciones como "no me escuchas", "no me entiendes", "no te pones en mi lugar" frente al socio que niega tales afirmaciones, pintan un escenario conocido. El mismo hecho de responder con un “sí, te entiendo” o “sí, en cambio te escucho” en muchos casos demuestra una carencia en este sentido.

La posibilidad de una validación emocional se evapora ante la necesidad de juzgar, comentar o defendernos de una emoción que no reconocemos. A veces, sin querer cuestionar la credibilidad de la otra persona, utilizamos respuestas, formas de comunicación no verbal o justificaciones que representan un obstáculo para construir puentes empáticos. Excluimos a priori aquella empatía que parecería propicia para llegar a la comprensión.



Las personas que no se sienten escuchadas no necesitan un público más atento, sino alguien que valore sus emociones.

¿Qué sucede cuando no sabemos validar las emociones?

Lo que sucede cuando no validamos las emociones es similar a lo que sucede cuando no las expresamos o, peor aún, las reprimimos. Como si fuéramos ollas a presión, acumulamos emociones sin abordar hasta que salen por una grieta en nuestro autocontrol.

Reconocer las emociones de nuestros hijos, de nuestra pareja, de nuestros familiares o de nuestros compañeros de trabajo significa estar cerca de ellos en los momentos más difíciles. De esta forma les hacemos sentir seguros, protegidos, cuidados, respetados y amados.

  • La validación emocional se trata de aceptar lo que le sucede al otro. senza giudicare, ayudándole a convertir las emociones negativas en positivas.
  • La invalidación emocional, por otro lado, es lo contrario. Es un rechazo indirecto de los sentimientos de los demás. Una negación de lo que siente y que se traduce en una falta de comprensión y escucha.

Cuando nos dicen algo alegre, sabemos compartir alegría, pero cuando nos dicen algo triste, solo sabemos negarlo.

Invalidación emocional y privación de identidad

No validar emocionalmente lo que siente el otro puede enfriar el vínculo y la relación. Como comentábamos al principio, las emociones no solo nos definen, sino que también nos guían hacia determinadas elecciones, estilos de vida y comportamientos que nos hacen únicos, además de reconocibles. Por lo tanto, determinan parte de nuestra identidad y nuestro autocontrol.


Cuando los demás no reconocen el peso de nuestras emociones, pueden darnos la idea de ser inadecuados, de tener algo oscuro dentro que nos vuelve frágiles, impredecibles y poco fiables.


Si alimentamos y cultivamos esta idea, si anteponemos el juicio de los demás a nuestras emociones, corremos el riesgo de perder nuestra identidad. El futuro también se vuelve inmanejable, porque no sabemos cómo responder a la pregunta "¿quién quiero ser?".

Es muy importante validar las emociones en la infancia, ya que la aceptación incondicional de las emociones de los pequeños facilitará su expresión, identificación y gestión emocional. Si por el contrario, por miedo a la tristeza que pueda sentir un niño, tratamos de eludirla con mensajes ambiguos o soluciones forzadas, acabaremos invalidándola emocionalmente. Una actitud similar a lo largo del tiempo puede ser la base de la ansiedad, la irritabilidad, el nerviosismo y la inseguridad.

Comprometámonos a no perder nunca la capacidad de reconocer las emociones.

El arte de saber validar las emociones

Algunos puntos nos pueden ayudar en el proceso de validación emocional:

  • Escuche activamente o con toda su atención.
  • Mantenga una posición corporal acogedora y empática.
  • Normaliza las emociones.
  • Evita encontrar soluciones para las emociones.
  • Evita justificarte por las emociones o defenderte.
  • Dirígete a ellos con humor.
  • Mantén la mente abierta, sin juzgar.

Aquí hay algunos ejemplos de validación e invalidación emocional para una mejor comprensión del proceso.

invalidación emocional

María: No pude completar la tarea y estoy muy frustrada.

Laura: Lo terminarás mañana, no te preocupes.

María: Pero estoy haciendo todo mal.

Laura: No es el fin del mundo, María.

María: Así es para mí. Tu ayuda hubiera sido útil.

Laura: Mira, yo también tuve que hacer muchas cosas hoy.

Validación emocional

María: No pude completar la tarea y estoy muy frustrada.

Laura: Es normal. Debe ser molesto dejar algo sin terminar, ¿verdad?

María: Sí, mucho. Creo que estoy completamente equivocado.

Laura: ¿Es así como te sientes?

maría: sí, de verdad. Tu ayuda hubiera sido útil.

Laura: Es verdad, quería ayudarte, pero lamentablemente yo también tuve un día lleno de cosas que hacer.

Validar las emociones es un arte que vale la pena aprender para mejorar nuestra generosidad y nuestra empatía en las relaciones con los demás. También nos ayudará a educar niños que no tengan miedo a sus emociones y que sepan llamarlos por su nombre.

Trabajemos todos para que "ponerse en el lugar de los demás" no se quede en una secuencia de palabras vacía, sino que se convierta en un requisito previo para una actitud más sana y más humana.

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