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    Teoría del doble vínculo: atrapados por los que más amamos

    Quien soy
    Louise Hay
    @louisehay
    FUENTES CONSULTADAS:

    wikipedia.org

    Valoración del artículo:

    Advertencia de contenido

    "Quiero que hagas lo que quieras, pero no lo hagas porque te lo dije". Estas palabras esconden un engaño. Todos sabemos. De hecho, es probable que en más de una ocasión las hayas escuchado de tus padres o pareja. O tal vez los haya pronunciado usted mismo en alguna ocasión para presionar a alguien a su lado.

    Esta frase es el epítome de la Teoría del Doble Vínculo, o también llamado el Doble Vínculo, fenómeno que caracteriza nuestras relaciones interpersonales y que no solo es desconcertante, sino que puede herirnos mucho, sobre todo porque proviene de las personas más cercanas, las más cercanas. importante, los que más amamos.



    ¿Qué es la teoría del doble enlace?

    El filósofo Karl Popper, famoso por su "teoría de la falsificación", envió un día a un colega la siguiente postal:

    Caro MG.:

    Por favor, envíeme esta misma postal nuevamente después de marcar el rectángulo vacío a la izquierda de mi firma con un "sí" o cualquier otro signo si, por cualquier motivo, cree que cuando reciba la postal, este espacio seguirá vacío.

    Tu amigo, KR Popper

    Si esta carta casi ha paralizado su mente, no se preocupe, es el resultado normal de una confusión. Una estrategia muy utilizada por manipuladores y que el antropólogo Gregory Bateson ha catalogado como "Double Bind" o "Double Bind".

    Paul Watzlavik y Milton H. Erickson profundizaron este concepto desde un punto de vista comunicativo y relacional. La teoría del doble vínculo es un fenómeno negativo que se da en las relaciones cuando una persona importante nos ofrece una paradoja que nos deja sin salida.

    La doble restricción ocurre cuando:

    La persona tiene que hacer X, pero le piden que haga Y también, lo que entra en conflicto con X.



    En la práctica, es cuando nos piden que hagamos dos cosas opuestas, imposibles de lograr. Nos someten a dos imperativos en conflicto, ninguno de los cuales puede ignorarse. En este punto nos sentimos confusos porque nos enfrentamos a un dilema insuperable, porque si satisfacemos una de las peticiones no podemos satisfacer también la otra. Peor aún, la situación está delineada de tal manera que ni siquiera se nos permite comentar lo absurda que es la solicitud.

    La espontaneidad impuesta

    Un ejemplo típico de una situación de doble vínculo es cuando una persona nos pide que tengamos un comportamiento espontáneo, pero desde el momento en que hace ese pedido, nuestro comportamiento deja de ser espontáneo. La necesaria espontaneidad conduce inevitablemente a una situación paradójica en la que, el mero hecho de realizar la solicitud, imposibilita su cumplimiento espontáneo.

    Ésta es la paradoja de la "espontaneidad impuesta". Un ejemplo en el ámbito de las relaciones es cuando le pedimos a nuestra pareja que nos traiga flores de vez en cuando, porque queremos una prueba de cariño espontáneo. Pero el mero hecho de haberlo pedido elimina para siempre la posibilidad de la espontaneidad.

    Si la pareja ignora la solicitud, nos sentiremos aún menos amados. Si trae flores, no será suficiente para satisfacer la necesidad de afecto porque sabemos que no fue un comportamiento espontáneo. En ese caso, hemos puesto al otro en una situación de doble vínculo. Tome la decisión que tome, no será suficiente para satisfacer nuestra solicitud porque al hacerlo, impedimos su correcta satisfacción.

    La paradoja de la "espontaneidad impuesta" también se ve en las relaciones padre-hijo. Una madre puede culpar al bebé por ser demasiado apático y pasivo, por lo que es probable que diga: "muévete un poco, no seas tan aburrido".


    En este caso, solo hay dos soluciones posibles, ambas igualmente insatisfactorias: el niño permanece pasivo para que la madre se sienta engañada o cambia su comportamiento para satisfacer a su madre, pero como esta no es una actitud natural y espontánea, ella considerará su respuesta como signo de pasividad, haberse limitado a seguir una orden.


    Las condiciones para producir la doble restricción

    Para que ocurra una situación de doble vínculo, es esencial que haya dos demandas contradictorias. Generalmente el primero es directo y el segundo tiene un carácter más abstracto. También es necesario que exista:

    1. Una relación significativa entre personas. Si la persona no es importante para nosotros y no tiene poder emocional, simplemente señalaremos lo absurdo de su solicitud. Por tanto, las situaciones de doble vínculo suelen convertirse en un arma de manipulación de los padres, socios o amigos.
    1. Una consecuencia negativa. La persona que hace solicitudes contradictorias también agrega un elemento de presión negativa. En el caso de los padres puede ser "si no lo haces te castigaré" y en el caso de un compañero puede ser "si no lo haces me enojaré". Sin embargo, no siempre son advertencias verbales, también pueden mostrarse extraverbales, con gestos y expresiones faciales.
    1. Un mandato que evita que la "víctima" escape de la situación. Es el toque final para poner a la persona de espaldas a la pared, evitando también que exprese su desorientación y comente lo que está sucediendo.

    Las nefastas consecuencias de crecer en un entorno de doble vínculo

    Estas solicitudes antagónicas, que se cancelan mutuamente, nos bloquean simultáneamente en tres campos: pensamiento, acción y sentimiento. Esta situación de constricción es muy dañina ya que nos ata de pies y manos, impidiéndonos incluso expresar lo que sentimos. Si crecimos en un entorno de doble vínculo, los efectos se percibirán en nuestra personalidad, en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.


    Paul Watzlawick sistematizó las situaciones de doble vínculo en la vida cotidiana, con las personas más cercanas, analizando su impacto en nuestra personalidad.


    - Profunda inseguridad personal

    Cuando vemos que nuestras percepciones de la realidad o de nosotros mismos provocan el reproche de otras personas de vital importancia para nosotros, nos sentimos inclinados a desconfiar de nuestros sentidos. La inseguridad que emana de esa actitud nos llevará a confiar cada vez más en los demás para ver las cosas "correctamente" ya ser cada vez más desconfiados de nosotros mismos.

    Si crecimos con padres que nos decían cosas como "tienes que estar loco para pensar así", es fácil entender el problema al que nos enfrentamos. Nuestras ideas se descartan pero, al mismo tiempo, no captamos los significados que son tan evidentes para los demás. Por tanto, no es extraño que nos sintamos fuera de lugar o pensemos que algo anda mal con nosotros.

    Y si siguen insinuando que no tenemos razón, será muy difícil encontrar nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, en nuestras relaciones con los demás. Esta descripción se corresponde perfectamente con el cuadro clínico de la esquizofrenia.

    - Inmenso sentimiento de culpa

    Si otras personas importantes para nosotros nos culpan por no tener los sentimientos que deberíamos tener, terminaremos sintiéndonos culpables de nuestra "incapacidad" de tener los sentimientos correctos, los "reales". Lo más terrible es que esta culpa se sumará a la lista de sentimientos que no deberíamos tener.

    Un ejemplo de esta situación de doble vínculo es cuando los padres asumen que un niño bien educado debe ser un niño feliz y convierten los fugaces momentos de tristeza de su hijo en una aburrida acusación de fracaso en su trabajo como educadores. Algunos padres pueden expresar esa decepción con frases como "después de todo lo que hemos hecho por ti, debes sentirte feliz y contento".

    De esta manera, la más mínima tristeza del niño se convierte en ingratitud y malicia, creando el caldo de cultivo para una mente atribulada. Empieza a pensar que algo anda mal con él porque no debería sentirse triste. Y ese pensamiento lo entristece aún más, lo que lo hace aún más indigno, cerrando así un círculo vicioso del que es imposible escapar. No hace falta decir que esta descripción corresponde al cuadro clínico de la depresión.

    - Confusión de valores

    A veces, las personas que son importantes para nosotros exigen normas de comportamiento que exigen y al mismo tiempo impiden determinadas acciones. Así que nos encontramos atrapados en una situación paradójica en la que solo podemos obedecer desobedeciendo. El emblema de esta paradoja es: “haz lo que te digo, no lo que me gustaría que hicieras”.

    Este es el caso de los padres que piden a sus hijos que respeten las reglas, pero también que se atrevan. O aquellos que valoran el dinero y piensan que todos los medios son buenos para obtenerlo, pero que también animan al niño a ser honesto en todo momento.

    Cuando crecemos en un entorno de valores contradictorios, no es extraño que caigamos en una situación de angustia moral. No logramos desarrollar un sistema de valores coherente que se convierta en la brújula de nuestra vida y, a menudo, nos sentiremos desorientados y confundidos.

    La teoría del doble vínculo como herramienta de manipulación y sumisión

    Mucha gente aplica el doble vínculo sin ser plenamente consciente de su impacto, otros lo utilizan deliberadamente como una estrategia de manipulación. De hecho, es un arma muy poderosa para dominar emocionalmente a alguien porque:

    - Invalidar sus puntos de vista al respecto, descartando sus pensamientos como "inválidos" o "absoluta locura".

    - Invalidar sus sentimientos, haciéndole sentir culpable por estos y, por tanto, impidiéndole expresarlos, dolor, ser juzgado con severidad.

    - Evita la acción, obligando a la persona a permanecer en una situación de ninguna manera incómoda, la peor situación que uno puede encontrar.

    Por eso, es importante prestar atención al doble vínculo, nunca usarlo con personas cercanas y no permitir que nos pongan en esa situación. Para deshacerse de esta coacción y desarmar a la persona que intenta ponernos contra la pared, basta con señalar la contradicción.

     

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