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    Reglas de conducta: un curioso experimento de Milgram

    Quien soy
    Robert Maurer
    @robertmaurer
    FUENTES CONSULTADAS:

    wikipedia.org

    Valoración del artículo:

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    Hace unos 30 a√Īos los alumnos del conocido profesor y psic√≥logo Stanley Milgram, se aventur√≥ en el metro de Nueva York para implementar un experimento muy especial.

    El objetivo aparentemente era muy simple, ten√≠an que pedir a los pasajeros sentados en el metro que renunciaran a sus asientos. Esto una y otra vez hasta que se completen las 20 pruebas. ¬ŅPor qu√©? Milgram estaba interesado en explorar las reglas impl√≠citas de conducta en el metro, donde se supone que el primero en llegar es el propietario del asiento. Muchas de las reglas y normas que ayudan a mantener el orden en nuestra sociedad se manifiestan impl√≠citamente y, a menudo, ni siquiera nos damos cuenta de que existen hasta que alguien las rompe. Pero‚Ķ ¬Ņc√≥mo reaccionar√≠a una persona cuando se viola una de estas normas impl√≠citas? ¬ŅDar√≠a su lugar a las personas que lo pidieran? Los resultados fueron inimaginables: el 68% de las personas cedieron sus asientos al joven que lo pidi√≥ aunque algunos pasajeros se dejaran llevar por algunos comentarios desagradables. Sin embargo, los resultados a√ļn m√°s desconcertantes fueron los obtenidos por los estudiantes de Milgram. Inicialmente se estipul√≥ que cada voluntario ten√≠a que completar 20 pruebas, pero los estudiantes regresaron a Milgram despu√©s de completar solo 14 de estas y se quejaron de que la tarea era embarazosa y paralizante. Entonces Milgram descubri√≥ que la tarea que hab√≠a impuesto a sus alumnos result√≥ traum√°tica para algunos, mientras que para otros era simplemente dif√≠cil de completar. Treinta a√Īos despu√©s, las personas que participaron en este experimento a√ļn recordaban esta experiencia de manera muy v√≠vida. El propio Milgram complet√≥ la cantidad de pruebas necesarias para el estudio, pero su sorpresa fue a√ļn mayor ya que cuando se encontr√≥ frente a la persona a la que tuvo que pedir el puesto se sinti√≥ paralizado por el miedo y la verg√ľenza. El siguiente semestre Milgram repiti√≥ el experimento, pero en esta ocasi√≥n con 10 estudiantes, a quienes se les pidi√≥ que hicieran 14 pruebas. Sin embargo, introdujo una peque√Īa variaci√≥n: los alumnos iban por parejas, ya que contar con un acompa√Īante como apoyo emocional facilitaba la dif√≠cil tarea de pedirle a un pasajero que renunciara a su asiento. Al mismo tiempo, la segunda persona actu√≥ como un observador, registrando lo que estaba sucediendo. La pregunta a hacer tambi√©n cambi√≥. En el primer experimento la pregunta era muy simple y directa: "Disculpe, ¬Ņpodr√≠a darme su lugar?" mientras que en el segundo experimento la pregunta fue menos directa y se le hizo principalmente al acompa√Īante (quien para los pasajeros del metro era un completo desconocido): "¬ŅCrees que ser√≠a apropiado si le pido a alguien que me d√© su asiento? " Ante la falsa confusi√≥n mostrada por el entrevistado, el alumno debi√≥ plantear la misma pregunta a la persona sentada. Como resultado? Solo el 42% de las personas renunciaron a sus trabajos. Sin embargo, Milgram no qued√≥ satisfecho y continu√≥ con las variaciones experimentales, en este caso el alumno llevaba un libro en las manos y se dirigi√≥ a la persona preguntando: ‚ÄúDisculpe, ¬Ņpodr√≠a darme su asiento para que pueda leer? No puedo leer estando de pie ‚ÄĚ. En este caso, el 38% de las personas abandonaron su trabajo. Otra variaci√≥n consisti√≥ en presentarse con una hoja de papel en la que se informaba de la fat√≠dica solicitud. En este caso la plaza fue cedida por el 50% de los encuestados. Muchos de los estudiantes atribuyeron la disposici√≥n de los pasajeros a su evidente verg√ľenza. Algunos afirmaron estar tan p√°lidos que persuadieron a la gente para que dejara sus trabajos porque los consideraban enfermos. Sin embargo, incluso si el experimento se centr√≥ en analizar c√≥mo reaccionamos a las normas impl√≠citas, la sola idea de violarlas nos provoca fuertes reacciones emocionales. Pero me gustar√≠a se√Īalar otro elemento interesante: la tasa de respuesta positiva fue menor cuando los j√≥venes pidieron el lugar para leer, ¬Ņpor qu√©? Desde mi perspectiva, creo que el hecho de no dar las razones de por qu√© se solicit√≥ el puesto podr√≠a llevar a suponer que est√°bamos en una situaci√≥n de necesidad real. Despu√©s de todo, ¬Ņqui√©n se atrever√≠a a violar la etiqueta social si no estuviera realmente impulsado por una necesidad imperiosa? Sin embargo, cuando los j√≥venes dijeron que quer√≠an el lugar para leer sus motivos, no dejaron ninguna duda, y quiz√°s por eso, la mayor√≠a de la gente asumi√≥ que los estudiantes pod√≠an posponer su deseo para otro momento.



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