quiero ser feliz a mi manera

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quiero ser feliz a mi manera

Última actualización: 14 de abril de 2017

Todos queremos estar bien y este es un principio difícil de negar. Si le preguntamos a alguien qué quiere lograr en su vida, pocas veces nos dirá que quiere tener mala suerte, estar triste o fracasar, al contrario nos dirá que quiere ser feliz. La gente quiere ser feliz y hacer todo lo posible para encontrar su felicidad.


A pesar de esto, aunque todos quieran ser felices y estar satisfechos con su vida, pocas personas saben cómo hacerlo. Hoy en día definir la felicidad es complicado, vivimos en la paradoja de que cualquier objeto puede acercarnos a ese sentimiento, pero, al mismo tiempo, nada es suficiente para ser verdaderamente feliz.


En lugar de enfrentarnos a un estado subjetivo de felicidad, corremos tras un concepto que hemos transformado en un ideal. Hoy en día, la felicidad se ha convertido en un mito representado por objetos que enriquecen a unos pocos, a costa de la insatisfacción de muchos.

La búsqueda infinita de ser feliz

Basta una simple búsqueda en Internet para entender la obsesión actual por la búsqueda de la felicidad. Hay millones de artículos que hablan de lo que hay que hacer o no hacer para ser feliz, lo que dicen los científicos sobre la felicidad, cuáles son los pasos a seguir para alcanzarla, o cuáles son los pasos exactos que hay que subir para conseguirla.

No solo nos obsesiona alcanzar la felicidad, sino que también la deseamos en todos los ámbitos de nuestra vida: en el trabajo, solo, en pareja, en familia, en el día a día, en la vida… En todos los ámbitos posibles buscamos las pequeñas claves que nos ayudarán a sentirnos menos desafortunados.


Esta búsqueda es una tarea interminable, ya que la felicidad misma se ha convertido ahora en un ideal imposible de alcanzar. La definición actual que le hemos atribuido a la felicidad se acerca más a la del amor romántico en el cine oa la de la épica búsqueda del Santo Grial, que a su significado real.


El comercio de la felicidad

Las empresas y el mundo de la publicidad nunca han ignorado las necesidades de sus clientes actuales y potenciales.. Ambos buscan necesidades insatisfechas y, si estas no existen, se preocupan por crearlas o buscar nuevas para introducir un producto o servicio que los satisfaga.

La felicidad llama la atención, vende y todos quieren ser felices. Las empresas lo saben y buscan la confianza y satisfacción del cliente a través de estrategias planificadas. Juegan con las emociones para empujar a las personas a alcanzar la felicidad a través del consumo.

“La felicidad se ha convertido en un factor de consumo más, como si fuera un producto que podemos comprar en un supermercado por una determinada cantidad”.

-Angela Vallvey-

No es casualidad que la crisis económica coincida con la ferviente venta de felicidad. En tiempos de crisis, la felicidad es el dinero.

La dictadura de la felicidad

La felicidad no solo se ha convertido en objeto de consumo, sino que también se nos ha impuesto como regla ineludible. Pasamos de querer a tener que ser felices y, en este camino, también hemos asimilado frases como: “querer es poder”.


Frases como esta son una moneda de dos caras. Por un lado, difunden el positivismo y la motivación de "nada es imposible" o "tengo que sonreír más y quejarme menos", pero por otro lado está el "tengo que estar alegre" o el "tengo ganas y No estoy ahí acertado, entonces algo hice mal”.

En el contexto de una sociedad en crisis, donde la venta de la felicidad es una estrategia de marketing para muchas empresas, siempre es bueno recordar que, a veces, por mucho que deseemos algo, no siempre lo conseguimos. Además, no debemos olvidar que la responsabilidad de no alcanzar nuestros objetivos no siempre es nuestra.


La felicidad no vive sola

La felicidad es un sentimiento subjetivo, como muchos otros, es uno entre muchos. La vida privada de cada uno de nosotros se compone de emociones y sentimientos que van desde estar alegre y feliz, hasta estar triste o enojado.


Cada emoción tiene su propia utilidad y todas son necesarias y cumplen una función específica. Las emociones nos ayudan a dar sentido a nuestras experiencias y por ello es imprescindible vivirlas y probarlas todas.

“Disney tuvo que venir y explicarnos que la ira y la tristeza son necesarias, que son las que nos hacen las personas que somos. En la película Inside Out, la verdadera heroína es la tristeza y la caída de la Isla de la Estupideria en el cerebro del niño es la mejor metáfora de lo que nos toca afrontar”.

-Quique Peinado-

Y tú, ¿qué necesitas para ser feliz?

La felicidad no tiene pautas establecidas, ni depende de productos de marca o fórmulas mágicas. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia personalidad, gustos y preferencias. Lo que puede hacer feliz a una persona puede ser una catástrofe para otra.


La felicidad no se consigue comprando camisetas con un mensaje positivo, siguiendo los planes de los demás, o fingiendo una sonrisa para salir bien en la foto. La felicidad es mucho más simple: se trata de hacer las preguntas correctas y buscar las respuestas lejos de textos estándar o productos vacíos.

“Sí, todos están felices hoy en día. Esto es lo que les decimos a los niños a partir de los cinco años. Sin embargo, ¿no te gustaría ser libre para ser feliz… de otra manera? A tu manera, por ejemplo, y no a la manera de los demás”.

-Aldous Huxley. El nuevo Mundo-

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