Ocultar emociones: dolor silencioso

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Joe Dispenza
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Ocultar emociones: dolor silencioso

Escrito y verificado por el psicólogo. ObtenerCrecimientoPersonal.

Última actualización: 15 2021 noviembre

Lo hacemos a menudo: esconder las emociones. Seamos realistas, es un hábito común a todos, silenciar el dolor, reprimir la ansiedad, el miedo y la ira. Poco a poco el ocultamiento continuo deja de ser funcional y comienza a generar bloqueos y, con ellos, a mermar la salud, la espontaneidad y el crecimiento personal.



Durante siglos, nuestra cultura ha puesto la razón en primer lugar.. La frase de Descartes "cogito ergo sum" (Pienso, luego existo) nos introduce en una realidad en la que las emociones se conciben como un estigma o un elemento que, de alguna manera, nos aleja de ser civiles.

“Camina como león, habla como paloma, vive como elefante y ama como niño”.
-Santosh Kalwar-

Quizás por eso se educa al niño a la idea de que llorar es sinónimo de inmadurez y que es más decente tragarse la tristeza. Le decimos que enfadarse y reaccionar es de mala educación; le enseñamos a reírse de forma contenida, porque el que ríe a carcajadas da mala impresión. Le transmitimos que las emociones, especialmente manifestarlas, son un indicio de debilidad, nunca un potencial para aprender a comprender y explotar.

“Sentimos, luego existimos”, esta es la simple realidad. Los sentimientos, las emociones nos dan la vida, reprimirlos significa abandonarla paulatinamente. Enmascarar nuestras emociones es una forma de violencia. Este mundo interior, de hecho, dirige nuestros deseos, da alas a nuestras necesidades.

Las emociones y sus objetivos.

Podríamos decir que todos venimos al mundo con un potencial increíble para ser felices. Esto no es una ilusión, sin embargo, hay algunas cosas a considerar. La genética, el contexto social y familiar son factores predisponentes a la felicidad. Incluso sientan las bases de nuestro potencial, permitiéndonos extraer más fácilmente del cóctel de emociones positivas como el optimismo, la resiliencia, la felicidad.



Así, gran parte del sufrimiento del alma que muchas veces cargamos sin saber por qué, proviene de nuestra estructura psíquica y emocional, forjada en etapas muy tempranas de nuestro ciclo vital. Recibimos una educación encaminada a respetar las normas y los conocimientos, es cierto, pero también a gestionar las emociones.. Y es precisamente este último aspecto, el emocional, el que condiciona la calidad de vida, el potencial humano.

Una mala gestión emocional a menudo nos lleva a tergiversar muchas realidades internas. Vemos las emociones como elecciones en un menú que cada uno puede escoger o descartar a su antojo (hoy me siento rota, pero decido mostrar felicidad). La dinámica interna no funciona así: las emociones no se pueden posponer; no mueren sino que se transforman: en enfermedades psicosomáticas y en mal vivir.

Las emociones son impulsos, instintos con objetivos y propósitos específicos. Apartarlos significa cerrar la puerta a una realidad interior que, bien comprendida, gestionada y orientada, nos permitiría obtener un mayor bienestar. Ocultar emociones, en cambio, significa dar forma a un malestar que es la base de una serie de trastornos psicológicos.

Ocultar emociones no es saludable: aprender a trabajar en tu bienestar

Ocultar emociones tiene un costo inmenso. Puedes pensar que así mejorarás, porque nadie percibe tus angustias, porque te sientes integrado sin llamar la atención, porque todo se queda quieto, porque puedes seguir siendo productivo. Pero, ¿hasta cuándo es posible conservar esta máscara?

  • Piensa en la emoción como energía, un impulso interior que necesita expresión y movimiento. Al elegir sofocar la emoción, esta energía se canaliza hacia adentro. ¿Y cuál es el resultado? Tensión muscular, problemas gastrointestinales, dolores de cabeza...
  • Cuanto más fuerte sea la represión, más fuerte será tarde o temprano la expresión emocional. Al final, cada emoción reprimida busca un medio de resolución, una salida. Y a veces, surge de la peor manera posible. A menudo vemos esto cuando tratamos de reprimir la ira o la decepción: terminamos volcando esta tensión en la persona equivocada o reaccionando de manera desproporcionada y violenta. No es la forma más adecuada.

¿Cómo gestionar las emociones?

Hemos dicho que la solución no es reprimir, ignorar u ocultar las emociones.. Esta energía emocional está ahí, presente y viva. El secreto es dejar que fluya. Para entender mejor cómo manejar nuestras emociones, intentemos usar tres metáforas simples.



  • El pozo. Si elige dejar sus emociones en el fondo del pozo, caerá enfermo. El agua que se ha estancado durante demasiado tiempo se echa a perder, adquiere mal olor. Evita dar vida a esta imagen, la forma clásica de ocultar nuestra realidad interior.
  • Lo tsunami. Si eliges esta estrategia, terminarás lastimando a otros. Las emociones a veces pueden convertirse en un ciclón, un tsunami. Se lanzan con tanta ira hacia los demás que todo el mundo es un perdedor.
  • El molino. Un molino permite que el agua se mueva, fluya en armonía. El movimiento es suave, nada queda comprimido. El agua es fresca y no se estanca. Esta es la mejor imagen para manejar las emociones.

Se trata pues de aprender a canalizar adecuadamente todas nuestras emociones. Tenemos que moverse con ellos, empezar a decir lo que nos molesta, reaccionar en el momento adecuado, ser asertivos y ágiles ante las presiones diarias. Esencialmente, hacer de nuestras emociones un motor perfecto y armonioso para nuestras vidas, y no un engranaje que nos bloquee y atrape.


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