Nutrir intenciones para no crear falsas expectativas

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Robert Maurer
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wikipedia.org

Nutrir intenciones para no crear falsas expectativas

A veces nos quedamos esperando que las cosas sucedan como queremos, que nos traten como nos merecemos. Olvidamos que la realidad se desvía de nuestras expectativas, que no tiene en cuenta nuestros deseos. En lugar de esperar que los milagros sucedan por sí solos, debemos nutrir nuestras intenciones y trabajar en ellas.

Última actualización: 25 marzo, 2021

Somos expertos en crear expectativas, en construir realidades ficticias que, la mayoría de las veces, acabamos creyendo. ¿Quién no ha fantaseado nunca con el futuro? Pensar en perspectiva es necesario, pero debe hacerse correctamente para alimentar intenciones, no expectativas.



No olvidemos que es mucho más fácil crear probabilidades, hacer castillos en el aire o construir fantasías que cumplirlas. A menudo, nuestras intenciones son buenas, pero ignoramos el compromiso que se necesita para llevarlas a cabo. Porque nada crece sano si no se cultiva.

Por desgracia, vivimos convencidos de que la vida funciona como queremos y que los demás siempre nos tratarán como nos merecemos. Y cuando esto no sucede, sentimos frustración, ira y un sufrimiento inmenso.

¿Qué esperábamos que sucediera? ¿Lo que realmente pasó? Si llegamos a hacernos estas preguntas es porque en lugar de alimentar nuestras intenciones, hemos fomentado nuestras expectativas.

"Es cuando las expectativas se reducen a cero cuando realmente aprecias lo que tienes".

-Stephen Hawking-

Somos esclavos de nuestras expectativas y ni siquiera nos damos cuenta. Olvidamos la importancia de los hechos y cultivamos nuestras intenciones para hacer las cosas posibles. Preferimos vivir esperando mientras la vida pasa.

La red de expectativas

Todo comienza con una creencia, la que nos enseñaron y que cultivamos desde pequeños. Sobre el amor, la familia, el trabajo o nosotros mismos. Las expectativas son inevitables. Pero cómo nos sentimos depende de la credibilidad que les demos y de la medida en que nos aferremos a ellos.



Muchas emociones desagradables como frustración, ira, tristeza o enfado. surgen del impacto entre nuestras expectativas demasiado optimistas y la dura realidad. Depositar nuestra confianza en lo que esperamos que suceda puede costarnos muy caro. Esto no quiere decir que no debamos esperar, al contrario, la esperanza nos motiva y nos permite tener horizontes más amplios.

Sin embargo, no debemos olvidar los peligros que trae consigo, recordando que para estar sanos, nuestras expectativas también deben ser realistas.

Como vemos, es peligroso quedar atrapado en la red de deseos que apuntan a la perfección. Todo siempre estará bien, nuestra relación será perfecta, nuestros amigos son los más leales y nunca nos defraudarán.

Son pensamientos como trampas cognitivas por el hecho de creer que nos merecemos lo mejor, ignorando que esto no siempre corresponde a lo perfecto o ideal. A veces lo mejor está detrás de aquello por lo que trabajamos cada día, proviene de nuestro esfuerzo por alcanzar la verdadera y sincera felicidad. Una expectativa no dada por la imaginación sino por las intenciones, las acciones y el aprendizaje.

La red de expectativas se puede ampliar. Basta pensar en cuántas veces nos comportamos de acuerdo a lo que los demás esperan de nosotros, o cuánto nos molesta que los demás no hagan lo que imaginamos.

La infelicidad va de la mano con expectativas demasiado altas. Nunca olvides el famoso dicho “No esperes nada de nadie más que de ti mismo”, te ayudará en tus relaciones cotidianas.

“Pero las expectativas eran como cerámica delicada. Cuanto más fuerte los sujetabas, más probable era que se rompieran”.


-Brandon Sanderson-

Alimentar las intenciones de actuar

Esperar lo que esperamos que suceda, que los demás nos traten como nos merecemos, que reconozcan nuestro trabajo, que nuestra pareja vea lo que necesitamos. Espera, espera y espera.



Quedarnos inmóviles a la espera de lo que nos gustaría que sucediera no hace más que entorpecer el progreso y el cuidado de las relaciones, además de ser motivo de gran frustración.

Nadie es adivino, las circunstancias no tienen en cuenta nuestros deseos y el ritmo de vida no gira en torno a nosotros. Fantasear con el futuro mirando por la ventana es un buen ejercicio de reflexión y relajación, nada más. Puede ser el principio de todo, la semilla a plantar, pero son necesarias intenciones y acciones para que crezca. Solo así lo que imaginamos se irá haciendo realidad poco a poco.

Cuando tenemos nuestro objetivo en mente, necesitaremos un medio de transporte para alcanzarlo y mucha energía para ponerlo en funcionamiento. El secreto está en aprender a definir lo que queremos, a analizar si es posible, a cultivar intenciones y alimentarlas con acciones.


No olvidemos que nada sucede por milagro. El fuego de la pasión se apaga si no le echamos leña, el motor que nos empuja a seguir se para si no le echamos gasolina. Debemos tener cuidado de no aferrarnos a nuestras expectativas.

"No son las cosas en sí las que nos preocupan, sino las opiniones que tenemos de esas cosas".

–Epíteto–

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