Nosotros, los del pasado, ya no somos los mismos

Nosotros, los del pasado, ya no somos los mismos

Nosotros, los del pasado, ya no somos los mismos

Última actualización: 04 de mayo de 2016

Ya no somos quienes éramos en un momento dado, cuando todo parecía tan cercano y lejano a la vez: nunca volveremos a ser lo que fuimos, porque la vida nos exige un cambio. Ya no ser “el mismo de antes” implica la buena fortuna de saber extrapolar una lección de las experiencias vividas y aprender de ellas.



A veces es fácil notar el cambio en las personas que nos rodean, y en consecuencia pensar que nuestra relación con ellos también ha cambiado. Otras veces, sin embargo, nos resulta más complicado aceptar que también nosotros somos diferentes, y darnos cuenta de que el error está en mirar el pasado con ojos de hoy.

cuando cambiamos

Es correcto afirmar que nos convertimos en quienes somos en función de los eventos clave de nuestra vida,  los que siempre recordaremos. Dichos eventos son a veces el resultado del contacto con la realidad, como un viaje o una decepción amorosa, o incluso la sensación de ansiedad que se siente al tener que pagar una hipoteca.

Por poner un ejemplo, imaginemos que tenemos que mudarnos al extranjero por un tiempo: allí tendremos que adaptarnos a patrones de vida locales, a hábitos diferentes a los nuestros ya una mentalidad que nos llevará a abrir la mente; digamos también que pensamos que habíamos encontrado un amigo fiel, solo para descubrir que no es así.

No importa que la experiencia haya sido positiva o negativa, basta con que nos haya llenado de sentimientos: nunca olvidaremos la verdadera felicidad, al igual que nunca olvidaremos cuando tuvimos que levantarnos tras una caída. Lo que absorbemos de tales experiencias se convierte en el modelo de lo que somos en el presente: la esencia es la misma, pero hemos cambiado.



Cuando nuestro círculo social cambia

Si cada uno de nosotros está obligado a cambiar como una sola persona, lo mismo ocurre con quienes nos rodean y, en consecuencia, con todas las relaciones que nos unen. Cuando nuestro círculo social cambia -familia, amigos, pareja…- es bueno ser flexibles ante el cambio.

Sin embargo, los cambios también pueden conducir a una ruptura: pensábamos que conocíamos a fondo a una persona, pero no teníamos en cuenta que nunca dejas de conocer a los demás y que estamos en constante crecimiento.

"¿Qué puedo decir?

El tiempo lo gana todo. nos derrota,

sin compasión, terrible y brutal.

Porque un día te la encuentras en la calle,

te da un beso fugaz en la mejilla y sonríe -me están esperando- y se va".

-Rodolfo Serrano-

Cuando un miembro de nuestro círculo social nos abandona, sufrimos mucho y el mundo se abre bajo nuestros pies: solo el paso del tiempo y el esfuerzo nos ayudarán a encontrar a esa persona y convencernos de que la herida está cicatrizada. Una vez más, nos daremos cuenta de que ya no somos quienes éramos.

Ya no somos lo que solíamos ser

El tiempo nos pone en movimiento: pasa sobre nosotros, nos sacude, nos descubre, nos revela y, sobre todo, no nos deja sin signos. De hecho, todos los días, incluso los que parecen perdidos, han significado algo: constantemente tomamos decisiones y cuando no lo hacemos, nos dejamos llevar.


 "Cuando pensábamos que teníamos todas las respuestas, todas las preguntas cambiaron en un instante".

-Mario Benedetti-

Perderse está bien, incluso cuando las apariencias dicen otra cosa. No importa si estamos perdidos en el cielo, como cuando estamos flotando en una nube de alegría constante, o si estamos perdidos por estar en tierra firme durante demasiado tiempo. Ambas situaciones serán nuestras maestras, delineándonos un poco mejor a nivel físico y psicológico.


Lo más importante es tener el coraje de ir a descubrirnos a nosotros mismos, otorgándonos la certeza de saber cómo somos y quiénes somos. De esta manera, podremos dedicarnos por completo a todo lo demás, encontrando ideas de felicidad que nos complementen en todas partes. En otras palabras, si brillamos con nuestros cambios, ayudaremos a otros a brillar con los suyos.

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