Los efectos de la hiperparentalidad en el niño

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Los efectos de la hiperparentalidad en el niño

Más que tener hijos perfectos, debemos preocuparnos por tener hijos felices. Uno de los efectos de la hiperpaternidad es que ejerce presión sobre los niños y los vuelve estresados ​​y vulnerables, lo que les impide sentirse cómodos consigo mismos.

Última actualización: 22 octubre, 2022

Los efectos de la hiperparentalidad se reflejan principalmente en el autoconcepto del niño y en la capacidad de establecer relaciones sanas con los demás.



Estos efectos persisten hasta la edad adulta y no son fáciles de identificar o superar una vez instalados. De ahí la importancia de tomar conciencia de este fenómeno.

Hiperparentalidad es un término utilizado desde hace algunos años para definir un estilo de crianza en el que los padres ejercen una sobreprotección particular y un control excesivo sobre sus hijos.

Este estilo de educación se ha convertido en una tendencia bastante extendida, especialmente entre los estratos medios y altos de la sociedad.

“Creo que en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en momentos extraños, cuando en realidad no están tratando de enseñarnos. Estamos hechos de estos pequeños fragmentos de sabiduría”.

-Umberto Eco-

Lo más problemático de esta situación es que los padres no perciben este estilo de crianza como un modelo disfuncional, sino todo lo contrario.

Están imbuidos de la mentalidad del éxito hasta el amargo final. los niños acaban siendo un proyecto más enmarcado en la lógica de “lo mejor en todo”. Los efectos de la hiperpaternidad son silenciosos al principio y más notorios a largo plazo.

¿Qué es la hiperpaternidad?

La hiperpaternidad es un modelo de crianza en el que queremos subsanar las carencias y solucionar los problemas de los niños.


También quieren que sus hijos se desempeñen de manera excelente en todo lo que se propongan. Además, les hacen sentir que se lo merecen todo, simplemente porque existen. Los padres quieren tener hijos hiperactivos.


Es un estilo de crianza artificial, en el que uno piensa que el niño no tiene que enfrentarse a momentos difíciles, cometer errores o tomar decisiones. Precisamente para eso están los padres: para evitar que el malestar llegue a sus hijos, para evitar que cometan errores y para encaminar su vida hacia las alturas del éxito.

A corto plazo, los efectos de la hiperpaternidad también pueden ser positivos en contextos específicos. Pero a largo plazo y desde una perspectiva global, tales efectos son muy dañinos.

Este fenómeno se debe a varios factores. Ahora las familias son menos y las extendidas ya no sorprenden. Del mismo modo, los padres actuales tienen hijos mayores que antes. Esto los lleva a querer ser los padres perfectos, los hijos ideales.

Por otro lado, hay todo un bombardeo de información y ofertas, según las cuales la crianza de los hijos es un tema muy complicado, que requiere un manual para todo.

Finalmente, muchos padres han encontrado en la crianza hiperactiva un modelo que les permita proyectar sus propios vacíos e inseguridades.

Los efectos de la hiperpaternidad

Los efectos de la hiperpaternidad son múltiples. En primer lugar, la alta dosis de estrés que genera en los niños. En su anhelo de hacer que sus hijos sean perfectos, los padres reducen significativamente el espacio para la exploración, errores, tiempo libre, aburrimiento y frustración.


No pueden ser niños, y esto afecta especialmente a los más pequeños. Saben, implícitamente, que se espera mucho de ellos.

Como consecuencia de lo anterior, otro de los grandes efectos de la hiperparentalidad es el estancamiento del desarrollo de la autonomía. El niño crece sintiendo que necesita ser dirigido y orientado para todo.


No confía en sus propios recursos, ya que ni siquiera podría explorarlos, pero requiere la aprobación de una autoridad. No sabe, porque no se ha formado su criterio. Necesita a alguien que "sepa", que le diga si lo que piensa, siente o hace es válido.


Todo esto acaba creando fuertes inseguridades y sentimientos de baja autoestima e incompetencia. Además de eso, una vulnerabilidad gigantesca. A los hiperniños les cuesta tolerar las críticas y se sienten heridos en el alma si alguien les cuestiona.

También es muy probable que le tenga miedo a todo: necesita una mano que le apoye, porque no tiene la fuerza de ánimo suficiente para atreverse a aventurarse.

La hipercrianza es típica de padres ansiosos e inseguros. Autor del libro Felici e imperfetti. Cómo dejar de ser padres hiperactivos, Eva Millet recomienda una crianza más relajada.


Permitir que los niños se expresen libremente y participen en las decisiones que les afectan. Entender que la frustración también forma parte de la educación y que nos hace más fuertes y resilientes.

La formación del carácter se da, de hecho, no siempre consiguiendo todo lo que queremos y cometiendo errores. Básicamente, así es la vida.

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