Las personas que te rodean controlan tu mente

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Robert Maurer
@robertmaurer
FUENTES CONSULTADAS:

wikipedia.org

Autor y referencias

Todos los días tomamos cientos de decisiones, algunas son tan triviales que ni siquiera nos damos cuenta de ellas. Normalmente pensamos que hemos tomado una decisión consciente y racional, teniendo en cuenta nuestras necesidades y deseos, pero en verdad, el proceso de toma de decisiones está mediado por múltiples factores, muchos de los cuales escapan a nuestra conciencia.

El mero hecho de tener una persona a nuestro lado, aunque sea un completo extraño, afecta nuestra decisión. Otros ejercen un poder increíble sobre nosotros, incluso si no siempre estamos dispuestos a admitirlo. Los comportamientos de los demás, incluso cuando no tienen nada que ver con nosotros, o al menos no nos conciernen directamente, pueden manipular nuestras mentes.



El experimento del aeroplano

Un estudio realizado en la Universidad de Stanford analizó las bases de datos de varias aerolíneas y descubrió que si alguien compra algo junto a nosotros en el avión, tenemos un 30% más de probabilidades de comprar algo también. Es la presión sutil que ejercen los demás la que nos empuja a hacer ciertas cosas.

Durante el estudio, estos psicólogos analizaron cerca de 1.966 vuelos en los que viajaron más de 257.000 pasajeros, de los cuales 65.525 compraron algo a bordo. Después de analizar los datos, estos investigadores encontraron que si alguien sentado a nuestro lado compra un bocadillo o una película, es más probable que lo imitemos.

En promedio, las personas que abordan un avión tienden a dedicar solo el 15% de su tiempo a comprar algo. Pero si alguien sentado a nuestro lado compra un producto, las posibilidades de que lo hagamos se duplican. Este es un gran aumento, especialmente si se considera que nada ha cambiado.

El experimento de los folletos publicitarios

Por supuesto, este no es el único experimento que demuestra la influencia de las personas en nuestro comportamiento y nuestras decisiones, incluso en el caso de extraños. Por ejemplo, investigadores de UCLA y la Universidad de Pensilvania han decidido distribuir algunos folletos publicitarios entre los estudiantes.



En los volantes se invitaba a los estudiantes a participar en una clase abierta, en algunos de ellos se decía que toda la clase sabría quién se había inscrito mientras que en los demás se enfatizaba que la inscripción se mantendría en secreto.

Los resultados no dejan lugar a dudas: entre los que leyeron el volante que decía que todo el mundo sabría el nombre de quien se había apuntado, se registró un 25% más de suscriptores. Esto significa que estas personas se sintieron juzgadas y actuadas motivadas por la presión social o el deseo de reconocimiento social.

¿Cómo afecta la gente a nuestro comportamiento?

La presión social, también conocida como presión de grupo, se refiere a la influencia de otros en nuestras actitudes, valores y comportamientos, para hacernos aceptar las normas del grupo.

En teoría, la presión de los compañeros funciona de la siguiente manera: la armonía se rompe cuando nos enfrentamos a la amenaza de un conflicto externo (es decir, el rechazo social) por no cumplir con las normas del grupo. Entonces, cambiamos nuestro comportamiento y nos adaptamos eliminando el conflicto externo, pero curiosamente al hacerlo crea un conflicto interno, porque nos damos cuenta de que hemos violado nuestras propias reglas. Para liberarnos de este conflicto interno (autorrechazo), realizamos un "cambio de identidad" mediante el cual adoptamos las reglas del grupo, como si fueran las nuestras, eliminando así los conflictos y restableciendo la armonía.

Aún más curioso, un experimento realizado en la Universidad de Emory encontró mediante el uso de técnicas de neuroimagen funcional que las áreas involucradas en este proceso son la corteza insular anterior y la circunvolución del cíngulo anterior. Ambas áreas están relacionadas con la activación fisiológica que se produce como consecuencia de las emociones negativas. Por ello, los neurocientíficos creen que la presión social genera un estado de ansiedad y una sensación de malestar a nivel físico, que intentamos calmar cambiando nuestro comportamiento para adaptarlo al de los demás.



En otras palabras, la mayoría de las personas están programadas para buscar la aceptación de los demás y, como resultado, cambiar su comportamiento y sus decisiones, a veces sin darse cuenta, para encajar y ser aceptado. Así que la próxima vez que un extraño se siente a tu lado, ten cuidado, es posible que tengas la tendencia a imitar su comportamiento sin darte cuenta.


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