Las buenas personas siempre son un poco ingenuas.

Las buenas personas siempre son un poco ingenuas.

Las buenas personas siempre son un poco ingenuas.

Última actualización: 21 agosto 2016

Las buenas personas son siempre un poco ingenuas. Sus miradas son mágicas y sus sonrisas honestas, pero sus corazones, por momentos, esconden derrotas secretas. Heridas ocultas por haber esperado demasiado a alguien que no ha regresado y lágrimas vertidas por quienes se han burlado de su alma noble, inmensa e ingenua.

Un interesante estudio, realizado por la Universidad de Stanford (Estados Unidos), ha demostrado que la bondad se percibe como una forma maravillosa y excepcional de conectar con los demás. Bueno, a pesar de ser una característica socialmente apreciada, hay quienes ven en este personaje a personas que fácilmente pueden ser manipuladas a su favor.  



Un dato curioso a tener en cuenta es que aquellos que siempre actúan desde el corazón, sin mirar su propio beneficio personal, no cambian con el tiempo. No es fácil erradicar esta esencia, porque aunque duela el desprecio, el desengaño y las pequeñas traiciones, nadie puede escapar de su identidad.

Las buenas personas son, ante todo, auténticas, y ser auténtico es ser uno mismo, siempre guiado por la sinceridad. No hay lugar para ficciones, para mentiras y para egoísmos.

Buena gente y compasión.

Si hasta hace poco, al hablar de buenas personas se utilizaban conceptos como empatía, reciprocidad, altruismo y respeto, la Universidad de Psicología de Stanford indica que es necesario incluir una dimensión más a las que embriagan cada parte, cada matiz y cada latido de estas nobles almas: la compasión.  

Este constructo psicológico conecta directamente con la parte más íntima de nuestras emociones, hasta el punto de involucrar muchas partes de ese cerebro social donde reside el continuo interés y preocupación por los demás. La compasión es, por tanto, una respuesta emocional al sufrimiento de los demás. ya menudo un genuino deseo de ayudar a los demás.



Si las buenas personas muestran a veces un sutil brillo de ingenuidad, no quiere decir que sea por ingenuidad o por no saber comprender el riesgo de darlo todo y no recibir nada. El instinto compasivo es inherente a muchas personas, una forma de motivación intrínseca que no busca recompensas ni beneficios.

Esta ingenuidad es, por tanto, genética, un rasgo maravilloso que los estudiosos del Instituto "Max Planck" dicen que son de niños y de muchos animales. Cuando un niño pequeño, por ejemplo, ve llorar a otro, su ritmo cardíaco aumenta y sus pupilas se dilatan. Cuando el bebé deja de llorar, el otro también se calma.

Podríamos decir que todos venimos al mundo con este instinto natural de compasión. Nuestro cerebro pone en marcha un sofisticado mecanismo de recompensa cuando desaparece el sufrimiento de los demás, pues con ello se garantiza la supervivencia de la especie.

Pues a medida que crecemos y por influencia de ciertos contextos, esta compasión natural desaparece o se desvanece. Hasta el punto de que, en ocasiones, quienes ven practicar actos de compasión, lejos de apreciarlos, se burlan de ellos o los desprecian.

Nunca te arrepientas de ser una buena persona.

La vida no te tratará mejor solo porque seas una buena persona, porque actúes de acuerdo con tu corazón o con un instinto compasivo. A veces quien siembra bondad no cosecha respeto, y esto lo aprenderás con los malos: pero nunca tendrás que perder tu dignidad ni tu esencia.

Tal como nos dice el neurocientífico Jordan Grafman, de los Institutos Nacionales de Salud, actuar con compasión y desinterés trae beneficios excepcionales, hasta tal punto que el cerebro codifica estas acciones como gratificantes, recompensándonos con una buena dosis de endorfinas.


La psicología positiva siempre ha valorado la bondad, el respeto y la compasión como métodos para invertir en el bienestar psicológico y las oportunidades para crear entornos más felices y, por supuesto, más respetuosos.


Una buena persona debe ser consciente de que, para seguir siendo un árbol hermoso y fuerte, debe nutrir sus raíces todos los días y, para ello, es necesario practicar estas sencillas acciones:

  • Sigue tu intuición, es probable que tu personalidad se vea enriquecida por ese toque de maravillosa ingenuidad con el que siempre puedes ver los puntos fuertes de las personas y no sus defectos. Permite que tus experiencias pasadas te alerten, escucha tus instintos, para que un "no" dicho a tiempo sea el mejor muro para proteger tu autoestima.
  • No permitas que la desilusión apague la luz de tu corazón, que amargue tu alma espontáneo, tu ser auténtico. El fracaso es una experiencia que hay que aceptar y luego dejar ir. Seguid siendo valientes todos los días de vuestra vida, porque la valentía no es más que el apego a nuestras nobles raíces que siguen creciendo, sin miedo, sin duda.
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