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    La regla psicológica para consolar y ser consolado sin equivocarse

    Quien soy
    Louise Hay
    @louisehay
    FUENTES CONSULTADAS:

    wikipedia.org

    Valoración del artículo:

    Advertencia de contenido

    A veces es difícil encontrar las palabras adecuadas para consolar a alguien. Encontrar la palabra adecuada en el momento adecuado para generar la resonancia adecuada es un arte que pocas personas dominan. Como resultado, a veces tratar de consolar a alguien falla miserablemente y termina agregando más tristeza, frustración y desesperación.

    La psicóloga clínica Susan Silk ha experimentado esto de primera mano. Cuando se enteró de que tenía cáncer de mama, recibió muchos comentarios poco convincentes y palabras de consuelo que no la consolaron en absoluto. Incluso hubo personas que descargaron su malestar sobre ella, agregando más peso a la carga que ya llevaba.



    Entonces se dio cuenta de que consolar y ser consolado es fundamental, pero no fácil. Muchas personas, con las mejores intenciones, terminan haciendo más daño que bien en un intento de consolar a los demás. Por eso desarrolló la 'Teoría del Anillo' con Barry Goldman, con la que pretende ayudar a las personas a comprender y aplicar el arte de consolar y ser consolado asertivamente.

    ¿Qué es la teoría del "anillo"?

    La teoría del "anillo" se desarrolla en torno a los círculos de confianza en los que nos movemos a diario. Para aplicarlo, el primer paso es identificar la red de apoyo disponible para la persona que atraviesa la situación traumática.

    Es una técnica sencilla para saber cuándo dar consuelo y ayudarnos a recibirlo cuando más lo necesitamos. Es válido para todo tipo de crisis, desde problemas de salud hasta dificultades económicas y conflictos románticos o existenciales.

    Para ponerlo en práctica debemos empezar dibujando un primer círculo, que será el anillo central. Dentro de ese círculo debemos escribir el nombre de la persona que está experimentando el trauma o la situación complicada.


    Así que dibujemos un segundo círculo más grande alrededor del primero. En ese anillo escribimos el nombre de la persona más cercana a quien está sufriendo el trauma, como la pareja o quizás un niño.


    A continuación, dibujamos un tercer círculo, pero esta vez escribimos en él los nombres de las personas más cercanas, como padres o amigos cercanos.

    Finalmente dibujamos un cuarto círculo y escribimos en su interior los nombres de las personas que son menos cercanas pero que pueden ayudar de alguna forma, como parientes lejanos, compañeros de trabajo o vecinos.

    De esta forma, no solo ponemos a disposición de la persona una representación gráfica de las redes de apoyo, sino que también nos damos cuenta de la posición en la que nos encontramos en la situación.

    La regla: consolar a los más afectados, buscar consuelo a los menos afectados

    Teniendo en cuenta esos círculos concéntricos, la regla a aplicar es simple: en los círculos internos se ofrece consuelo, en los externos se busca. Los más afectados deben ser consolados, mientras que los menos afectados deben ser consolados. Es así de simple.

    La persona en el círculo central puede decir lo que quiera a cualquier persona en el resto de los círculos, en cualquier momento y en cualquier lugar. Esa persona lo está pasando mal y necesita apoyo y validación, por lo que se le permite quejarse de su mala suerte o injusticia.

    Por supuesto, no significa alimentar una actitud de victimización o derrotismo sin fin, pero debemos entender que muchas veces antes de levantarnos tenemos que lamernos las heridas. Todos tenemos diferentes ritmos de curación, y en las primeras etapas es normal que nos sintamos decepcionados, heridos o frustrados. Por lo tanto, en los primeros momentos después de la adversidad, es probable que la persona solo necesite hacer una catarsis, por lo que el mejor consuelo es escucharla.


    Por supuesto, a veces los problemas de los demás también nos afectan y podemos sentirnos frustrados, tristes o decepcionados. Es normal. Pero descargar esas emociones directamente sobre las personas más afectadas no ayudará a nadie. Solo servirá para aumentar el dolor y el sufrimiento.


    En cambio, podemos buscar consuelo en personas que están en círculos más grandes porque al estar más lejos del problema asumimos que están a la distancia psicológica necesaria para ayudarnos a manejar nuestras emociones.

    En resumen, debemos tener claro que cuando hablamos con una persona que está en un círculo más pequeño que el nuestro, alguien más cercano al centro de la crisis, nuestro principal objetivo es ayudarlo, no agregar más malestar, pesimismo o negatividad.


    ¿Cómo consolar asertivamente?

    Cuando una persona necesita ser consolada, lo mejor es practicar la escucha activa. Es importante evitar la tentación de dar consejos porque a menudo no es necesario y corre el riesgo de caer en oídos sordos o, peor aún, de ser molesto o parecer autoritario. La persona que está pasando por un momento difícil solo necesita ser escuchada y tener un hombro sobre el que llorar. En lugar de tratar de consolarla contándole nuestras experiencias pasadas o decirle qué haríamos en su lugar, será mejor que validemos sus emociones y le preguntemos cómo podemos ayudarla.

    Tal vez esa persona necesite a alguien con quien salir a caminar para desahogarse o cuidar a los niños o mascotas durante unas horas. O tal vez necesita salir y distraerse o alguien que la lleve al hospital. Ser útil, en la medida de lo posible, no solo implica adoptar una actitud proactiva, sino también demostrar que estás disponible y que ofreces un apoyo incondicional. Y a veces eso es todo lo que se necesita para salir de la crisis.


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