¿La preocupación es positiva?

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Louise Hay
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¿La preocupación es positiva?

La preocupación es una estrategia de adaptación disfuncional de naturaleza emocional. No solo no resuelve los problemas, sino que interrumpe el flujo de soluciones realistas. Por eso nos importa.

Última actualización: 11 octubre, 2021

La preocupación forma parte de nuestro día a día y es provocada por el ritmo de vida frenético que realizamos. Dentro de nosotros sentimos esta urgente necesidad de "tener" para llevar todo a término. Y no solo eso, tenemos que hacerlo a la perfección.



Pretendemos ser súper mujeres y súper hombres y esto inevitablemente nos lleva a preocuparnos por lo que sucede a nuestro alrededor. Nuestras preocupaciones nos impulsan a controlarlo todo, como si fuera una realidad.

La preocupación no es más que un producto mental y difícilmente puede ejercer control en el mundo real.

Cuando nos preocupamos demasiado, sentimos ansiedad, y esta ansiedad surge porque creemos que realmente es posible controlarlo todo. No sólo lo que tiene solución, sino también lo que no es real o no se puede controlar.

Preocuparse se convierte en una herramienta que calma nuestros miedos a corto plazo, pero a la larga se convierte en un ritual contraproducente.

Piensa en todas las veces que te has preocupado por un evento específico. ¿Quizás ha dejado de inquietarse? ¿Realmente la preocupación conduce al control de la vida, de los demás y de uno mismo?

Si lo pensamos, inmediatamente nos daremos cuenta de que preocuparnos no ayuda, al contrario nos sumerge en un bucle mental del cual no obtenemos solución a nuestros problemas.

En su lugar, debemos lidiar con el problema, que no es lo mismo. Centrarse en el problema significa pensar qué podemos hacer, cuáles son las soluciones y qué decisiones podemos tomar al respecto.


La preocupación puede ser abrumadora

Es cierto que preocuparse es algo natural, pero mucha gente abusa de esta "naturalidad". En psicología, existen criterios diagnósticos que definen el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y describen a muchas de estas personas.


Las preocupaciones de las personas con TAG tienen el mismo contenido que las de otras personas, pero la intensidad, frecuencia y duración son desproporcionadas.

Cada uno de nosotros podría preocuparse en cualquier momento por cómo le irá al nuevo trabajo de nuestro hijo, por ejemplo. Sin embargo, para las personas con GAD, la preocupación se convierte en realidad y actúan en consecuencia, comprometer las relaciones y la vida cotidiana.

Si me preocupo por el trabajo de mi hijo, lo más probable es que lo llame muchas veces para ver cómo le va. ¿Es funcional? ¿Está bien llamar a alguien que acaba de comenzar un nuevo trabajo? ¿Estoy en control de la situación a cambio?

Por otro lado, tratar con él es bastante diferente. Siempre puedo darle a mi hijo algún consejo sobre el nuevo trabajo, preguntarle al final del día cómo le fue y si puedo ayudarlo con un problema específico.

Pensar en esto es el primer paso para tomar conciencia de que la preocupación no solo no tiene ningún efecto en el mundo real, sino que también dificulta el flujo normal de la vida.

¿Por qué nos importa?

Nos preocupamos en exceso porque nos enseñaron desde pequeños que era positivo. Si no lo hacemos, parecemos “perezosos, apáticos e indiferentes” y nadie quiere ser juzgado de esa manera.


Ecco posado usamos la preocupación para demostrar que “somos buenas personas y también responsables”. Las personas constantemente preocupadas recurren a esta adaptación porque piensan lo siguiente:

  • Resuelve los problemas. La verdad es que interfiere con la elaboración de soluciones efectivas. Nos quedamos atascados rumiando y no salimos de él hasta que estamos realmente agotados.
  • Ayudar a descubrir formas de evitar lo que tememos. Pero en realidad no evitamos lo que tememos. Simplemente no nos sucede porque es muy poco probable, y no porque estemos preocupados.
  • Motiva. No es cierto, la preocupación nos consume y no nos deja fuerzas para afrontar la verdadera solución.
  • Preparate para lo peor. Puede que lo "peor" nunca suceda. Y si sucede, la preocupación no nos habrá preparado para enfrentarlo. Habremos perdido largos periodos de tiempo dándole vueltas a un problema que no existe.
  • Previene eventos negativos.. La preocupación es un estado mental que, por definición, no puede controlar la realidad. Esto se llama "pensamiento mágico".
  • Ayuda a no pensar. No puede ayudarnos a pensar en nada más, ya que no podemos pensar en varias cosas al mismo tiempo. Sin embargo, al preocuparnos, seguimos pensando en algo de manera disfuncional.
  • Es un rasgo de personalidad positivo.. Las personas preocupadas piensan que son responsables, bien intencionadas o cariñosas. Si no se preocuparan, estarían abrumados por otra emoción, que es la culpa.

Pero tampoco ayuda a resolver las dificultades: la preocupación no impide que se produzca el futuro negativo que tenemos en mente, ni el sentimiento de culpa resuelve los problemas del pasado.



Conclusiones

Las personas que se preocupan en la medida adecuada pueden controlarlos reevaluando la amenaza. de manera más realista o formulando un plan de acción para resolver problemas.


Por el contrario, las personas con GAD no pueden dejar de preocuparse. También les preocupa estar preocupados (metapreocupación).

El tratamiento psicológico, que no explicaremos aquí en detalle, cumple una relleno darnos cuenta de que la preocupación no tiene la función que creemos que es.

Por otro lado, la parte conductual pretende dejar un límite de espacio y tiempo para preocuparnos, dejarlo pasar sin darnos valor o realizar acciones que nos distraigan.

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