La Pareidolia: ¿Por qué vemos caras donde no las hay?

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Louise Hay
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FUENTES CONSULTADAS:

wikipedia.org

Autor y referencias

Nuestro cerebro está tan acostumbrado a ver caras en todas partes que detecta rasgos faciales incluso donde no los hay, como piedras, nubes o un parche en la pared. Este fenómeno es bien conocido en psicología y se llama: pareidolia. En la práctica, el pareidolia consistiría en percibir erróneamente un estímulo vago o aleatorio y darle una forma reconocible.

Obviamente, no todas las personas tienen la misma capacidad para distinguir rostros y patrones aparentemente no obvios. Por esta razón, ahora interviene un estudio para preguntarse por qué algunas personas tienen más probabilidades que otras de percibir rostros ilusorios.



Para responder a esta pregunta, los investigadores seleccionaron decenas de fotos, algunas que recuerdan vagamente la apariencia de un rostro y otras no. Las imágenes eran muy variadas e incluían muebles, paisajes naturales, ciudades y rocas.

Para conocer gente, los investigadores utilizaron tres tipos diferentes de anuncios. En una ciudad publicaron que buscaban personas que vieran lo paranormal en una perspectiva positiva, en otra necesitaban personas que creyeran en el mundo de los espíritus invisibles y en una tercera, que buscaban personas escépticas ante los fenómenos paranormales.

De todos los candidatos que se presentaron, eligieron 47 voluntarios. Posteriormente se formaron tres grupos: los que creían en actividades paranormales, los religiosos y los ateos.

Por supuesto, este no es el primer experimento que se hace para intentar comprender por qué algunas personas dan diferentes significados a los patrones visuales. En el pasado se demostró que quienes creen en lo paranormal tienden a sacar conclusiones basadas en evidencia inadecuada o no completamente objetiva.

Fenómeno social o filogenético?

Hay muchas explicaciones para este fenómeno. Por ejemplo, Jeff Hawkins sostiene que se debe al hecho de que los humanos tenemos una tendencia a establecer patrones siguiendo nuestras experiencias y creencias. Esto explicaría por qué los médicos pueden distinguir órganos humanos dentro de imágenes borrosas con más facilidad que el resto de personas. En la práctica, nuestro cerebro da sentido a lo que vemos en función de lo que hemos experimentado y nuestras expectativas.



Carl Sagan nos ofrece otra teoría. Afirma que se debe a una técnica ancestral de supervivencia, dado que en el pasado distinguir los rostros de los amigos de los enemigos era fundamental para salvar la vida. Por lo tanto, nuestros cerebros han ido mejorando y actualmente se están programando para identificar rostros humanos con muy pocos detalles. Por lo tanto, podríamos reconocer a una persona desde la distancia, incluso con poca luz.

En 2009, se desarrolló un estudio muy interesante que apoya la teoría de Sagan. En este experimento se encontró que percibir rostros humanos en imágenes borrosas provoca una activación de la corteza ventral fusiforme, respuesta que se encuentra cuando vemos rostros reales pero no cuando vemos objetos. Los científicos especulan que esta área se ha ido especializando en el reconocimiento de rostros y actúa de forma prácticamente automática para, posteriormente, darle tiempo al cerebro para que perciba si el rostro muestra enfado y agresión o si, por el contrario, es un rostro amistoso.


Por supuesto, esta teoría filogenética no explica completamente por qué algunas personas tienen más probabilidades que otras de ver caras. Finalmente, considero que la explicación más adecuada sería que, aunque tengamos una mayor facilidad para distinguir rostros humanos en relación a los objetos, nuestras vivencias y expectativas juegan un papel fundamental a la hora de confirmar una imagen a partir de pistas confusas.


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