La mejor solución no siempre es la más fácil

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Robert Maurer
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La mejor solución no siempre es la más fácil

Una ruta segura y conocida no siempre es la mejor solución. Claro, puede minimizar los riesgos, pero también puede limitar nuestras posibilidades de aprender cosas nuevas y dar pasos hacia adelante que nos permitan alcanzar nuestro bienestar.

Última actualización: 22 de junio de 2020

Muchas veces tratando de encontrar la mejor solución a nuestros problemas, nos involucramos en comportamientos que pueden crear otros nuevos. Nos apegamos a nuestro estilo de vida cómodo y rechazamos la oportunidad de explorar nuevas vías. A veces mirar la vida desde nuevas perspectivas genera en nosotros una especie de terror.



El problema es que, en muchos casos, las personas se contentan con formas de vida cómodas, pero poco gratificantes. Es posible que la vida que llevamos no sea exactamente igual a la que diseñamos en base a nuestras metas y valores. A pesar de ello, hay algo que nos impide esquivar esa piedra que nos hace tropezar en el camino.

El miedo al fracaso nos impide salir de nuestra zona de confort y despierta en nosotros emociones negativas. Aunque somos conscientes de la necesidad de cambio, seguimos anclados a situaciones “seguras” que, sin embargo, no nos permiten avanzar.

Por ejemplo, seguimos teniendo una relación con nuestra pareja o con familiares o parientes que ya no nos dan nada o incluso nos causan problemas continuos. O seguimos haciendo un trabajo por debajo de nuestra capacidad porque tenemos miedo de ocupar un puesto de mayor responsabilidad. Generalmente, tendemos a pensar que permanecer en la situación actual es la mejor solución. En pocas palabras, estamos contentos con lo que sabemos y creemos que tenemos todo bajo control.


Las situaciones que nos resultan familiares suelen ser las más cómodas. A menudo tendemos a sobrestimar estas comodidades, aunque en el fondo sabemos que las situaciones fáciles no siempre ofrecen ventajas. El miedo a salir de nuestra zona de confort es tan grande que preferimos elegir un dolor superficial, pero continuo, que intenso, pero limitado en el tiempo.


El confort como la mejor solución

La conveniencia parece ser un aspecto muy valorado por los humanos. De hecho, vivir cómodamente nos da una sensación de control que reduce en gran medida nuestros niveles de ansiedad.

Si cada día nos enfrentáramos a situaciones nuevas sin saber si son buenas o malas para nosotros, podríamos morirnos de estrés. Buscar un poco de comodidad, por tanto, no es en sí mismo contraproducente.

¿Cuándo surge el problema? El problema aparece cuando optamos por la comodidad cuando, en realidad, no estamos realmente tan cómodos como pensamos. En las situaciones que vivimos todos los días, sabemos movernos como pez en el agua y estamos seguros de que podemos controlar las cosas que nos suceden. La realidad es bastante diferente. Podemos controlar muy pocos elementos fuera de nosotros mismos.

Lo que parece cómodo y seguro, en realidad no lo es. Intente preguntarse: "¿Soy feliz con mi vida?" o "¿Me estoy divirtiendo tanto como debería?".

Quizás, a corto plazo, puedas ser feliz con lo que tienes y sentirte tranquilo. Pero si piensa a largo plazo o mira hacia atrás, es posible que se encuentre en el mismo lugar de siempre y sienta que algo no ha ido como debería.

En estos casos es posible que tu zona segura te haya tendido una trampa. Es como subir una escalera que te lleva a un precipicio. Déjate caer y vuelve sobre el mismo camino con la misma pendiente. Conoces este tipo de bucle y te sientes cómodo. Pero, ¿es realmente la mejor manera de abordar las cosas? Como ya hemos dicho, a veces la mejor solución no es la más sencilla.



Miedo a sentirse incómodo

El miedo a tener que afrontar situaciones desagradables, que no controlamos o que puedan despertar emociones negativas, no nos permite explorar nuevos caminos.

Nuestra sociedad nos exige ser felices y sufrir lo menos posible. Es como si experimentar las llamadas emociones negativas fuera un signo de debilidad. Hacemos de ellos un problema tan grande que tratamos de evitarlos a toda costa. “Más vale un mal conocido que algo nuevo por conocer” nos repetimos a menudo. Con la idea de que debemos divertirnos a toda costa, vivimos nuestra vida tratando de evitar cualquier evento que pueda causarnos tristeza, malestar o culpa.


El resultado final es una insatisfacción constante. La sensación de que nos falta algo es fuerte. Esto sucede porque nos amoldamos a lo que nos hace permanecer siempre en el mismo lugar, sin pensar que la vida podría ser mejor. Para llegar al otro lado, a veces es necesario cruzar un río lleno de rocas y con agua muy fría. Un viaje incómodo pero necesario.

En estos casos, el secreto está en dar nuestros pasos con inteligencia. Lo bueno no siempre es tan bueno. Toma una decisión, elimina los miedos infundados y ponte en marcha. Descubrirás que esos "monstruos" que deberías haber encontrado rara vez aparecen. Y si lo hacen, no son tan aterradores. Recuerda que es tu mente la que amplifica las cosas.

A veces lo mejor no es mantenernos firmes en nuestras certezas, sino enfrentar lo incierto, lo nuevo. Puedes decirte a ti mismo: “Aquí estoy, aquí estoy, pase lo que pase, manejaré la situación de la mejor manera posible. Lloraré si el caso lo requiere o si tengo ganas. Y me reiré cuando llegue el momento”. Al aceptar abierta y valientemente lo que la vida tiene reservado para ti, ganarás nuevas experiencias y aprenderás cosas que no sabías. ¡Deja espacio para las sorpresas!


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