La generosidad desde una perspectiva psicológica.

La generosidad desde una perspectiva psicológica.

En este artículo analizamos los beneficios de la generosidad desde una perspectiva psicológica. Cada vez son más las consecuencias positivas de esta actitud adoptada por quien se ofrece sin esperar nada a cambio.

La generosidad desde una perspectiva psicológica.

Última actualización: 24 2019 noviembre

En los últimos años se han publicado nuevos estudios que prueban los beneficios de la generosidad desde una perspectiva psicológica con datos fiables. Algunos autores humanistas-existenciales, especialmente Erich Fromm y Victor Frankl, se ocupan de los valores éticos y del amor en sus diversas variantes. En este sentido, Fromm afirma que los valores éticos y el amor constituyen una fuente de bienestar psicológico y una característica de la persona sana emocionalmente (Oberst, 2005).



La generosidad y la gratitud son dos conceptos importantes que denotan la excelencia del carácter personal (Emmons & Sheldon, 2002). Además, son algo complementarios. La relación entre estos dos conceptos, en efecto, parte del mecanismo afectivo de ofrecer un bien material, consejo o ayuda a otra persona sin esperar reciprocidad; la generosidad es una conducta prosocial que tiene como objetivo mejorar el bienestar de otra persona (beneficiario).

Maslow (2001) habla de la naturaleza generosa del ser humano frente al egoísmo y la generosidad enfermiza. Afirma que existe una relación entre la conducta generosa y la salud psicológica, ya que el primero deriva de la abundancia y la riqueza interior. La conducta egoísta, en cambio, es un fenómeno que refleja la pobreza interior, propia de las personas neuróticas.

"La virtud y la generosidad siempre son recompensadas, aunque de formas desconocidas para nosotros"

-Nelson Mandela-

El concepto de gratitud desde una perspectiva psicológica.

Desde un punto de vista ético, la gratitud se define como una virtud moral que, como tal, denota un buen comportamiento (McCullogh, Kilpatrick, Emmons y Larson, 2001). Sin embargo, la definición de conducta moral nos obliga a estar agradecidos por los beneficios recibidos (Blumenfeld, 1962).



Reconocer y apreciar a la persona que nos ayudó no implica que estemos en deuda con ella. Si bien muchos han sugerido que la gratitud y el endeudamiento son equivalentes, en realidad son esencialmente diferentes (Watkins, Scheer, Ovnicek & Kolts, 2006). La deuda obliga al deudor a pagar al acreedor.

Es importante subrayar que la acción del donante debe ser necesariamente generosa, es decir, desprovista de una doble finalidad encaminada a premiar. El acto generoso no tiene por objeto adquirir acreedores en aras de la satisfacción egoísta. 

“La generosidad es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. No hay nada mejor para sentirse bien"

-Franz-Olivier Giesbert-

¿Es la generosidad un indicador de salud mental?

La generosidad ha sido estudiada puramente en la investigación científica del origen del altruismo. Varios investigadores empíricos de nuestro tiempo también estiman que se remonta al campo de la salud mental. El sentimiento de comunidad también está en la raíz de un déficit de bienestar psicológico y trastorno mental.

Cuando el niño no logra desarrollar un cierto grado de sentimiento comunitario, por ejemplo como resultado de una educación demasiado autoritaria o demasiado condescendiente, surgen sentimientos de no pertenencia, insuficiencia, inferioridad; el famoso complejo de inferioridad (Oberst, 2005).

Los sentimientos de inferioridad son difíciles de tolerar. Por ello, la tendencia habitual es activar mecanismos de compensación o sobrecompensación que Adler denomina complejo de superioridad o de poder, un aspecto que según la psicología adleriana es la base de cualquier trastorno psicológico.


Adler y el concepto de generosidad

El individuo con sentimientos de inferioridad - por lo tanto con un sentimiento de comunidad deficiente - desarrollará lo que Adler llama una "disposición neurótica" (Adler, 1912/1993). La disposición neurótica puede tener diversas manifestaciones que hoy se definen con mayor precisión en el neuroticismo como rasgo de personalidad, así como en los trastornos psicosomáticos y de personalidad.


A partir de la supuesta inferioridad surge una distorsión de la vida afectiva: el neurótico ya no es capaz de relacionarse con los demás de forma natural y espontánea; por el contrario, para compensar el sentimiento de inferioridad, trata continuamente de alcanzar objetivos fatuos.


Cuando esta disposición se acentúa o confluyen problemas psicosociales, pueden aparecer deformidades de carácter como la avaricia, el rencor, la malicia, la crueldad, etc. Todo esto para escapar del sentimiento insoportable que surgía de sentirse inferior o despreciado.

“La generosidad disfruta de la felicidad de los demás, como si fuera responsable”

-Conde de Lautréamont-

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