Es más saludable explicar la ira que mostrarla

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Louise Hay
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Es más saludable explicar la ira que mostrarla

Última actualización: 01 de junio de 2017

Dejar que el nudo de la ira nos quite el aire y nos ahogue llevará, tarde o temprano, a que aparezcan las punzadas de la ira y, con ellas, el huracán que nos ponga en la boca palabras de las que luego nos arrepentiremos. Aprender a gestionar las emociones siempre será más sano, más lógico y más práctico que acabar teniendo una discusión sin sentido.



Sabemos que a primera vista este consejo puede parecer fácil, inocente e incluso demasiado obvio. Decimos esto por una razón muy específica: manejar emociones negativas como la ira o el enfado son nuestras asignaturas pendientes, nuestro talón de Aquiles. De hecho, no faltan los que andan con su traje de adulto y la frente en alto, mientras en su interior se esconde la madurez emocional de un niño de 4 años.

“Cualquiera puede enfadarse: esto es fácil. Pero enojarse con la persona correcta, y en el grado correcto, y en el momento correcto, y con el propósito correcto, y de la manera correcta: eso no está en el poder de nadie y no es fácil".

- Aristóteles -

Debemos tener en cuenta que la ira extiende sus ramificaciones más allá del mundo de las emociones. Nuestro lenguaje y nuestra cognición están envueltos por los largos tentáculos de sentimientos opuestos, agudos y tremendamente frustrados.. Sin embargo, hay un exceso de quienes se las tragan, de quienes se las tragan y las disfrazan fingiendo una ingeniosa normalidad.

Poco a poco y día tras día este letal virus provoca masacres. La comunicación se vuelve agresiva, los modales desiguales, la autoestima cae y aparecen chantajes, fluctuaciones emocionales e incluso trastornos psicosomáticos a través de los cuales el cuerpo resalta el malestar de la mente.



A continuación, te explicamos cómo afrontar esta realidad tan común.

La ira en mí que no ves

Para entender cómo y cómo el universo de la ira forma parte de nuestro día a día, partiremos de un ejemplo muy sencillo. Amelia tuvo un mal día en el trabajo. Arriva regresa tarde a casa y cuando cruza el umbral de la casa, Giacomo, su pareja, le dice que saldrá porque se ha organizado con unos amigos. Sin embargo, antes de irse, le pregunta si está bien con ella o si prefiere quedarse en casa con ella. Amelia le dice que no hace nada, que "hace lo que más le gusta, que no hay problema".

A la mañana siguiente, nuestro protagonista no puede evitar sentir la insufrible punzada de ira. Está enferma porque su pareja no ha podido ver en su rostro las señales de un mal día, su desesperación y su desesperación. Ahora su malestar ha aumentado porque Giacomo no ha sido capaz de notar ni su apatía en el desayuno ni la sombra de esa rabia que vaga por dentro como un animal herido en una jaula.

Seguramente esta situación se habría desarrollado de otra manera si Amelia le hubiera explicado a Giacomo, en primer lugar, que había tenido un mal día, que no estaba bien, que estaba rota por dentro, que estaba hecha pedazos y que necesitaba su apoyo. Sin embargo, a veces las circunstancias se complican, aparecen las dudas y el deseo desesperado de que los demás entiendan sin palabras lo que nos duele.


Por otro lado, esta situación también se justifica por un hecho específico que parte directamente de todo lo que se enseña desde la niñez: “controlate, escóndete, parece normal”. El autocontrol es quizás la dimensión menos comprendida en el campo de la inteligencia emocional.


Nadie puede controlar por la fuerza algo que no entiende. No puedes poner a un león en una jaula si primero no entiendes sus necesidades y su naturaleza. Sin embargo, está claro que no podemos ir por el mundo rugiendo y arañando, sino que podemos ser honestos y decir en voz alta un simple “no, no estoy bien, hoy tuve un mal día”.

  • Sentir la contradicción, sentir enfado ante una situación concreta es normal e incluso necesario. Así es como usamos nuestros mecanismos de defensa, para que defendamos nuestras verdades, necesidades y valores. La ira tiene una finalidad última y constructiva, que no es otra que la de resolver una situación de conflicto personal.
    • El segundo paso es ser consciente de su nivel de excitación. Cuando estamos muy nerviosos y la ira nos controla, será realmente difícil pensar con normalidad y tomar decisiones constructivas. Necesitamos tomar un poco de aire, respirar, calmarnos, liberar nuestra mente...
    • La siguiente estrategia que pondremos en práctica es un poco más compleja: tienes que examinar tu propio conflicto emocional. ¿Qué es lo que realmente me molesta? ¿Qué me enferma y por qué? ¿Qué es lo que me debilita tanto? ¿Hasta qué punto soy responsable?  

    -Finalmente, y con las prioridades ya claras, pondremos en marcha la estrategia más importante. Un elemento que necesita tiempo para aprenderse, pero que hay que poner en práctica todos los días: la comunicación asertiva. para hablar y para resolver un malentendido o una situación conflictiva, no hay necesidad de lastimar.



    Debemos aprender, por tanto, a ser buenos gestores de nuestras emociones negativas, debemos entender que comunicar significa llegar a acuerdos, posicionarse con respeto, pero también ser capaz de tender puentes para mejorar la convivencia. 

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