El derecho a enfadarse, protestar y mostrar su malestar.

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Louise Hay
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FUENTES CONSULTADAS:

wikipedia.org

Autor y referencias
El derecho a enfadarse, protestar y mostrar su malestar.

Última actualización: 15 de febrero de 2017

Aunque te quieran convencer de lo contrario, enojarte es tu derecho y tu necesidad emocional. Sentirse en desacuerdo, sentir la indignación y la ira del desconcierto es el primer paso para abordar un problema.. Si mordemos la bala sin abordar lo que nos hace sentir mal, nuestra autoestima se verá afectada.

Debemos ser claros: permitirse sentir enojo no significa perder el control o incluso mostrarse débil. A menudo, influenciados por pensamientos espirituales, tendemos a confundir términos y conceptos. Sabemos que quien nos hace enojar nos domina, pero esto no quiere decir que desactivemos la emocionalidad negativa para ocultarla, evitar aceptarla y gestionarla. La ira tiene un propósito muy claro, nos invita a resolver una amenaza concreta.



Por otro lado, también sabemos que nuestro equilibrio emocional se pone a prueba continuamente, día tras día. Hay personas que siempre se ofenden y otras que nunca se toman nada personalmente. Cada uno de nosotros vive su vida cotidiana con un cierto filtro que permite que ciertas emociones y pensamientos pasen o bloqueen..

Sin embargo, todo tiene un límite y una frontera infranqueable. Hablamos de esa barrera que muchas veces los demás cruzan arbitrariamente para insultar nuestra autoestima, destruir nuestra integridad emocional o manipularnos. La ira tiene sus razones para existir y expresarla respetuosamente en el momento justo y oportuno es catártico y saludable.

Te invitamos a reflexionar sobre el tema.

Enojarse y expresar sus emociones es de gran ayuda

Por curioso que parezca, son pocos los libros que explican o argumentan los beneficios del enfado o la indignación. Tradicionalmente estas emociones siempre se han relacionado con la ira y la falta de control, moderación, tacto cuando se trata de lidiar con las contradicciones de la vida.



Sin embargo, recuerda que, al igual que con el dolor, debes aceptar tus emociones antes de canalizarlas y transformarlas. Saber cómo nos sentimos y por qué es fundamental cuando tenemos que solucionar un problema emocional. La bibliografía sobre el tema es bastante escasa, pero afortunadamente existe un libro muy interesante, Annoying (2011), de los científicos Joe Palca y Flora Lichtman.

Este texto explora el tema de la ira desde un punto de vista multidisciplinario, por lo que no faltan las neurociencias, la sociología, la antropología y la psicología. Lo primero que nos revelan estos científicos es que la ira se suele comparar con la ira, la frustración o la repugnancia hacia alguien o algo. Los expertos, por su parte, proponen concebir la ira como una emoción única y exclusiva.

Además, la ira no depende de una acción específica. Es la acumulación de muchas cosas, es como el mosquito que nos atormenta todas las noches hasta que perdemos el sueño y no podemos pensar en otra cosa. Sin embargo, y aquí viene lo más importante, si no hay problemas, no hay posibilidad de cambio. En otras palabras, esa emoción negativa tiene un propósito: quiere empujarnos a actuar.

Enfadarse de forma inteligente

El mismo Charles Darwin dijo una vez que las emociones negativas, como el miedo y la ira, son advertencias que nos llevan a adoptar conductas adecuadas para evitar o librarnos de un peligro. Prestar atención a lo que nos molesta, nos enoja y nos quita la tranquilidad es una demostración de autocomprensión. Actuar sobre estas emociones sin duda demuestra nuestra inteligencia emocional..


Veamos ahora cómo debemos actuar en estos casos y qué aspectos se deben explorar para comprender mejor estas emociones.

Las 4 leyes de la ira inteligente

La primera ley es tener claro que aquellos que viven eternamente enojados están condenados a la infelicidad. Hay batallas que no vale la pena vivir, hay aspectos que no merecen nuestra atención y conversaciones que es mejor no iniciar o no alimentar.



  • Enfadarse con lo que realmente trastorna su equilibrio personal, dale voz a tu autoestima y defiéndete con firmeza frente a quienes intentan hacerte daño.
  • La segunda ley se refiere a un aspecto muy obvio: es posible defenderse con respeto. Argumentar de forma asertiva y sin agredir verbalmente a los que tenemos delante es fundamental. Algo que se puede y se debe hacer con inteligencia emocional.
  • La tercera ley tiene pasajes muy claros que hay que interiorizar: escuchar, sentir, respirar, aclarar y actuar. Es decir, primero escucha el estímulo que te ofende o te hiere, luego toma conciencia de tus emociones y acepta el enfado. Finalmente, respira hondo y decide cuáles son tus prioridades.

Tengo que tomar medidas y poner límites dejando en claro que no quiero que me traten de cierta manera. No debo permitir que la ira me congele hasta el punto de impedirme pensar. Tengo que usarlo para actuar inteligentemente.


  • La cuarta y última ley de la ira inteligente es que siempre aprendes algo. Cada situación resuelta, enfrentada y cada necesidad defendida nos debe enseñar que la falta de acción, el silencio, las emociones reprimidas duelen y enferman.

No debemos tener miedo a las emociones negativas, de hecho comprenderlas y aprender a gestionarlas es el verdadero secreto de nuestro crecimiento personal.

Imágenes cortesía de Nicoletta Ceccoli

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