El anciano y la grulla: una historia conmovedora

El anciano y la grulla: una historia conmovedora

Última actualización: 19 de mayo de 2018

Se dice que, hace mucho tiempo, un hombre de cabello largo y blanco lleg√≥ a un pueblo remoto. El anciano siempre llevaba una grulla con √©l. Formaban una extra√Īa pareja, ya que estas aves no suelen estar muy emparentadas con los humanos. Sin embargo, el anciano y la grulla siempre estaban juntos, dondequiera que fueran.

Los aldeanos afirmaron que el hombre era extremadamente sabio.. Dec√≠an que era famoso en toda la regi√≥n por sus grandes ense√Īanzas. Sin embargo, el anciano era muy humilde. Se instal√≥ cerca de un pesebre, junto con la grulla, que siempre estaba parada frente a √©l.



‚ÄúTodos los animales desconf√≠an del hombre, y no se equivocan del todo, pero cuando est√°n seguros de que no quiere hacerles da√Īo, su confianza se vuelve tan grande que hay que ser m√°s que b√°rbaro para abusar de √©l‚ÄĚ.

-Jean-Jacques Rousseau-

La gente empez√≥ a tener curiosidad. Se acercaron para mirarlo de lejos, pero √©l ni siquiera los vio. S√≥lo la grulla parec√≠a corresponder atentamente. Pronto los lugare√Īos comenzaron a llevarle comida y algo para cubrirse, ya que lo ve√≠an muy desamparado.. El anciano y la grulla dieron la bienvenida a cualquiera que los ayudara.

El anciano y la grulla son interrogados.

Un d√≠a, cuando ya era de noche, un granjero se acerc√≥ donde descansaban el anciano y la grulla. Esta √ļltima se asust√≥ al ver al hombre y comenz√≥ a batir sus alas para despertar al anciano que dormitaba. Este √ļltimo dio la bienvenida al visitante y le pregunt√≥ c√≥mo pod√≠a serle √ļtil.

El granjero se sent√≥ frente al anciano y le confes√≥ que ten√≠a una pregunta que hacerle. Le hab√≠an dicho que era un hombre muy sabio y quer√≠a saber si pod√≠a darle esta respuesta. El anciano respondi√≥: "Nadie es lo suficientemente sabio como para responder todo, pero si puedo ayudarte, lo har√©".



El granjero le dijo que quería saber cómo abrir las puertas del cielo y las del infierno.. Siempre quiso tener acceso al cielo, mientras que nunca quiso ir al infierno. Por eso quería saber cómo se abrían sus puertas, para evitar hacerlo. El anciano y la grulla permanecieron atentos. Cuando el granjero terminó de hablar, el anciano dijo: “¡Qué pregunta tan tonta! ¡Puedes ver que eres un hombre verdaderamente ignorante!"

Al escuchar esto, el campesino se enoj√≥ y trat√≥ de golpear al anciano. La gr√ļa se interpuso en el camino y lo detuvo. Entonces el granjero entendi√≥ que el anciano era ciego y que el p√°jaro era su gu√≠a. Se sinti√≥ avergonzado por querer atacarlo y su ira se disip√≥. En ese punto, solo sinti√≥ compasi√≥n por ese anciano indefenso y le pidi√≥ perd√≥n. Entonces el anciano le dijo: ‚ÄúLa ira te ha abierto la puerta del infierno. La compasi√≥n es la del cielo‚ÄĚ.

Saber y no saber...

El granjero jade√≥. Se dio cuenta de que en verdad era un maestro muy sabio. Inmediatamente le agradeci√≥ la ense√Īanza y luego le cont√≥ a todo el pa√≠s lo que hab√≠a sucedido. comenz√≥ entonces un largo peregrinaje hasta donde viv√≠an el anciano y la grulla. Algunos quer√≠an respuestas, mientras que otros simplemente lo contemplaron y se pararon a su lado. Emanaba una gran paz.

Una tarde lleg√≥ un joven a donde estaban el anciano y la grulla. Su actitud era misteriosa. Se acerc√≥ y, en voz baja, dijo:


-Maestro, hay gente que habla de ti malvadamente...


-¬°Un momento! -dijo el anciano-. ¬ŅSabes con certeza lo que me est√°s diciendo? ¬ŅHas o√≠do a alguien hablar mal de m√≠?

El joven pensó por un momento y dijo:

- No. No he o√≠do hablar de √©l personalmente. Me dijeron... Esto es lo que dicen en el pueblo...


El anciano y la grulla se quedaron en silencio por un momento. Parec√≠a pensativo y ella, como siempre, estaba a su lado en alerta para protegerlo. El p√°jaro maravilloso le estaba agradecido porque lo hab√≠a liberado de una trampa en el bosque. Desde entonces, se hab√≠a convertido en su compa√Īero y gu√≠a, ya que el hombre era ciego.

una gran lección

Despu√©s de meditar un rato, el maestro se volvi√≥ hacia el joven que hab√≠a venido a contarle lo que se dec√≠a en el pueblo. √Čl le pregunt√≥:

,Lo que me viniste a decir me beneficia a mi o a mi amigo grulla?


El joven, nuevamente, se detuvo un momento a pensar y luego dijo:

- En realidad no. Para ser honesto, todo lo contrario. Lo que me dijeron que escucharon sobre ella podr√≠a atormentarla, y tal vez a su amiga tambi√©n. - dijo, refiri√©ndose a la gr√ļa.

El anciano y la grulla volvieron a guardar silencio por un momento. Entonces el maestro dijo:

-Tengo una √ļltima pregunta para ti. ¬ŅNecesito saber lo que dicen sobre m√≠ y mi amigo grulla?

-No. En realidad no ‚Äď respondi√≥ el joven pensativo.

-Entonces vete -dijo el anciano-. Cuando no sabes si algo es verdad y no genera ning√ļn bien, no hay necesidad de comunicarlo, no vale la pena hablar de.

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