El amor tiene un límite que se llama dignidad

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Robert Maurer
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El amor tiene un límite que se llama dignidad

Última actualización: 08 septiembre, 2016

El amor tiene y tendrá siempre un límite que se llama dignidad. Porque el amor propio tiene un precio muy alto, que no admite descuentos, con que saciar un amor que no llena, que hiere y debilita.

Pablo Neruda dijo “tan corto es el amor y tan largo el olvido”. En medio siempre está la luz de una luciérnaga que se enciende por naturaleza en las noches oscuras, para mostrarnos el límite, para recordarnos que es mejor un largo olvido que un largo tormento en el que acabamos vendiendo nuestra dignidad.



A veces no queda otro remedio que olvidar tus sentimientos para recordar lo que valemos. Porque la dignidad no se pierde para nadie, porque el amor no se ruega ni se ruega; es cierto que nunca se debe perder el amor por el orgullo, pero ni siquiera la dignidad por el amor.

Por extraño que parezca, la dignidad es ese hilo frágil y delicado que a menudo ponemos en peligro, que corre el riesgo de desgastarse hasta el punto de romper los lazos de nuestras relaciones afectivas. Es muy común cruzar esta frontera sin querer, hasta el punto de dejarnos llevar a un extremo donde se debilitan nuestros límites morales; pensamos que por amor vale la pena hacerlo todo y que toda renuncia es pequeña y justificada.

Porque el amor y la dignidad son dos corrientes en un océano tormentoso en el que hasta el marinero más experimentado puede perderse.

El orgullo y la dignidad del amor propio

A menudo se dice que el orgullo es alimentado por el ego y la dignidad por el espíritu. Sin embargo, estas dos dimensiones psicológicas son dos habitantes cotidianos de las islas turbulentas de las relaciones afectivas y, a menudo, se confunden entre sí.



El orgullo, por ejemplo, es un enemigo famoso que tendemos a asociar con el amor propio. En realidad el orgullo es más: es un arquitecto especializado en la construcción de muros, en el tejido de cortinas divisorias en nuestras relaciones, en añadir arrogancia a cada palabra y en cultivar el victimismo. Todos estos actos destructivos enmascaran una baja autoestima.

Por su parte, la dignidad es todo lo contrario. Actúa siempre escuchando la voz de nuestro ego para garantizar la existencia de las cosas más bellas del ser humano, como el respeto por uno mismo y por los demás. El concepto de amor propio adquiere su máxima significación, porque de él se nutre la dignidad para protegerse y afirmar la autoestima, pero sin dañar jamás a los demás, sin causar efectos colaterales.

La dignidad tiene un precio muy alto

La dignidad no se vende, no se pierde y no se regala. Porque una derrota en el momento justo siempre es más digna que una victoria desatendida. Quizás salgamos de la batalla con todo el corazón y la frente en alto, pero la tristeza contagiará los días venideros y las esperanzas.

Las personas tienden a pensar que no hay nada peor que ser abandonado por alguien a quien aman; No es tan: lo más terrible es perderse amando a alguien que no nos corresponde.

En un amor sano y digno no hay lugar para mártires y renuncias, no se dice que todo está bien solo porque tienes a tu pareja al lado. En realidad, en este caso, no estamos cerca de él, sino que vivimos a su sombra, en un espacio donde no hay sol para nuestro corazón ni aire para nuestras esperanzas.


Para evitar ser víctima de estas corrientes emocionales confusas, es bueno reflexionar sobre las siguientes cuestiones, que pueden serte de gran ayuda:


  • En las relaciones afectivas, los sacrificios tienen límites que es necesario señalar. No estamos obligados a buscar una solución a todos los problemas de nuestra pareja, a ofrecerle nuestro aire para que respire ya atenuar nuestra luz para que la suya brille. Recuerda que el verdadero límite es la dignidad.
  • El amor se siente, se toca y se crea día a día. Si no recibimos ninguno, será inútil pedirlo o incluso esperar sentados esperando un milagro absurdo. Aceptar que ya no nos quieren es un acto de valentía que nos evitará situaciones extremas y destructivas.
  • El amor nunca debe ser ciego. Por mucho que te guste este dicho, debes recordar que siempre es mejor ofrecerte a alguien con los ojos bien abiertos, el corazón ardiente y una dignidad muy alta. Sólo así seréis verdaderos artífices de relaciones sanas, importantes, en las que se respete y sea respetado, en las que se cree cada día un escenario sano sin juegos de poder y sacrificios irracionales, en las que no todo se acepte sin condiciones.

La dignidad es y será siempre el reconocimiento a nuestros méritos y merecemos siempre lo mejor. Siempre es mejor una soledad digna que una vida llena de carencias, relaciones incompletas que nos hacen creer que somos actores secundarios de nuestro propio teatro. No debemos permitirlo, la dignidad no se pierde para nadie.



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