Debemos dejar ir lo que nos duele

Debemos dejar ir lo que nos duele

Debemos dejar ir lo que nos duele

Escrito y verificado por el psicólogo. ObtenerCrecimientoPersonal.

Última actualización: 15 2021 noviembre

El tiempo me ha hecho darme cuenta de que dejar ir no significa rendirse, que no es un acto de debilidad, sino de fortaleza y crecimiento, porque, aunque duela soltar, entiendo que hay cosas que deben cambiar.

A lo largo de nuestro camino de vida, hemos dejado atrás muchas cosas, hemos abandonado escenarios, situaciones, hábitos e incluso personas. Hoy en día, somos todo lo que nos queda en el pasado formar un presente más auténtico, aunque esto nos haya causado un gran sufrimiento.



Debemos entender que vivir muchas veces significa romper ataduras y que liberar nuestras manos de lo que antes nos llenaba de alegría y esperanza es, sin duda, doloroso. Sin embargo, cuanto antes hagamos nuestro este pensamiento, antes estaremos preparados para superar estos momentos, estas encrucijadas en el camino donde mirar hacia atrás significa apegarnos a lo que no debe existir.

Vivir con nostalgia esporádica enriquece e inspira, pero vivir perpetuamente pensando en el recuerdo de lo que has soltado, no te deja crecer, te bloquea y te erosiona como rocas golpeadas varias veces por el dolor de las olas.

Libérate, da un paso adelante y haz tuyo lo que has vivido como quien guarda un tesoro precioso: enriquézcanse y tomen el camino más adecuado, en el que el equilibrio, el más adecuado para ustedes, abra el camino.

Dejar ir ciertas cosas para que vengan otras mejores

A veces lo que soltamos fue algo en lo que tuvimos fe en un momento dado y que en muchos casos nos hizo felices. La alegría, el amor y la esperanza de entonces explican el dolor de hoy y las dificultades que conlleva tener que despedirse de esa persona o situación.



En realidad no es fácil de entender cuando se nos dice muchas veces que la vida es dejarse llevar, dejarse fluir sin resistirse. ¿Cómo se puede hacer esto? La gente necesita seguridad día tras día y también necesitamos que los que nos aman hoy nos amen de la misma manera mañana.

  • El acto de dejar ir implica un gesto de valentía. y autoconocimiento. Es necesario poder percibir dónde están nuestros límites y qué es lo que realmente queremos para nosotros mismos.
  • Somos conscientes del hecho de que nadie tiene garantizada la felicidad en la palma de su mano; sin embargo, tenemos derecho a cruzar los dedos en otra mano en un momento dado que nos llene de emociones y que, de alguna manera, nos brinde bienestar.
  • Si este compañero que llevamos de la mano no nos guía por el camino de la felicidad, es necesario liberarnos para buscar nuestro camino personal. Lo haremos aunque exista el amor, porque a pesar del cariño y la pasión, no todas las relaciones son sabias ni todos los amores entienden el lenguaje del respeto.

Una buena autoestima y una actitud fuerte que defienda nuestra dignidad nos mantendrán alejados de estas situaciones en las que permanecemos inmóviles, sometidos al sufrimiento. Madurar también significa dejar ir a los que no quieren quedarse.

Aprender a dejar ir te llevará a la felicidad

Quien se aferra al pasado esclaviza sus pensamientos, su mente, su corazón y su alma. El pasado no se puede borrar ni cambiar ni olvidar. Ni siquiera podemos cambiar a las personas o obligarlas a que nos quieran como deseamos... Hay aspectos de nuestra vida que, para ser superados, primero hay que aceptarlos.



Nadie viene al mundo sabiendo todo ni llevar el manual de las decisiones perfectas, aquellas que están libres de error. Vivir significa probar, tocar, emprender, correr riesgos e incluso equivocarse; por ello, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:


  • No te enojes, no llenes tu corazón de ira ni tu mente de rencor. Soltar es un arte que debe desarrollarse en paz y sin ira, solo así nos permitiremos ser libres, descubriendo que el dolor cada día es menor.
  • Para soltar, primero hay que aprender a aceptar: aceptar que toda experiencia vale la pena vivirla, porque es vida, porque el que se niega y olvida no aprende, no sana y no crece. Es necesario aceptar lo sucedido y entender que soltar también significa crecer.

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