Cuentos para reflexionar

Quien soy
Joe Dispenza
@joedispenza
FUENTES CONSULTADAS:

wikipedia.org

Autor y referencias

A todos nos encantan las historias, no solo las que nos hacen so√Īar sino tambi√©n las para reflejar que tocan nuestros puntos m√°s sensibles. No es casualidad que durante siglos los l√≠deres espirituales de las tribus hayan recurrido a cuentos con moraleja para hacer pensar al resto de la tribu.

Milton Erickson, psicólogo e hipnoterapeuta estadounidense, comprendió el enorme poder de los cuentos psicológicos cortos y comenzó a aplicarlos en la hipnosis y la psicoterapia. Erickson se dio cuenta de que estas historias llegan a nuestro subconsciente, superando las barreras de la mente consciente, de tal manera que pueden provocar un cambio positivo más radical que el mejor discurso, por muy lógico o reflexivo que sea.



El poder de las historias sabias es que no intentan convencernos, por eso no asumimos a priori una actitud defensiva sino que nos mostramos más receptivos, escuchamos su mensaje y reflexionamos sobre él.

Por lo tanto, leer cuentos que te hagan pensar también es una forma de prepararnos para la vida y el crecimiento emocional, porque a veces nos permiten comprender de inmediato, a través del insight, dónde nos equivocamos y qué debemos hacer para desarrollar la paz interior.

Cuentos con moraleja

  1. El peso de un vaso de agua

Un psic√≥logo estaba desarrollando una sesi√≥n grupal cuando, de repente, levant√≥ un vaso de agua. Todos esperaban la pregunta cl√°sica: "¬ŅEst√° medio lleno o medio vac√≠o?"

En cambio, preguntó:

- ¬ŅCu√°nto pesa este vaso?

Las respuestas variaron de 200 a 250 gramos. El psicólogo respondió:

- El peso absoluto no es importante. Depende de cu√°nto tiempo lo tenga en la mano. Si lo sostengo durante un minuto, no ser√° un problema, pero si lo sostengo durante una hora, mi brazo comenzar√° a doler. Si lo mantengo alg√ļn d√≠a, mi brazo primero se adormecer√° y luego se paralizar√°. El peso del vaso no cambia, siempre es el mismo. Pero cuanto m√°s lo sostengo en mi mano, m√°s pesado y m√°s dif√≠cil se vuelve de soportar.



Moral: este cuento nos recuerda que las preocupaciones, los pensamientos negativos, los rencores y los resentimientos son como ese vaso de agua. Si lo pensamos un poco, no pasa nada. Si lo pensamos todo el día, empiezan a hacernos sentir mal. Y si lo pensamos toda la semana, acabaremos sintiéndonos paralizados e incapaces de hacer nada. Por tanto, debemos aprender a dejar ir todo aquello que nos pueda perjudicar.

  1. La roca en el camino

En un reino lejano, un rey una vez coloc√≥ una gran roca en medio de la carretera principal que conduce a su reino, bloqueando as√≠ el camino. Luego se escondi√≥ para ver qu√© estaban haciendo sus s√ļbditos cuando pasaron por ese camino.

No tuvo que esperar mucho. Pronto pasaron algunos de los comerciantes y cortesanos m√°s ricos del reino, simplemente mirando la roca. Muchos se quedaron un rato frente a la roca quej√°ndose y culpando al rey por no mantener limpias las calles, pero nadie hizo nada para quitar el obst√°culo.

Al cabo de un rato llegó un granjero con una carga de verduras. Se quedó un momento mirando la roca y luego colocó su carga en el suelo al borde del camino. Trató de mover la roca solo con las manos, pero no pudo, por lo que utilizó un tronco como palanca. Después de un gran esfuerzo, finalmente logró mover la piedra.

Cuando se inclinó para recoger su carga, encontró una bolsa, justo donde solía estar la roca. La bolsa contenía una buena cantidad de monedas de oro y una nota del rey, indicando que era la recompensa para quienes despejaban el camino.


Moral: esta historia psicológica nos recuerda que superar obstáculos representa una oportunidad para crecer como personas y mejorar nuestra condición. Muchas veces los problemas son oportunidades de cambio, de reflexionar sobre nuestras formas de hacer las cosas o invitaciones a prestar atención. El resultado final dependerá de cómo los abordemos.


  1. El coleccionista de insultos

Cerca de Tokio viv√≠a un anciano samur√°i que se dedic√≥ a ense√Īar budismo a los j√≥venes. Aunque ya estaba en la vejez, seg√ļn la leyenda todav√≠a pod√≠a derrotar a cualquier oponente.

Un d√≠a, un guerrero conocido por su falta de escr√ļpulos pas√≥ por la casa del viejo samur√°i. Era famoso por provocar a sus oponentes, y cuando perdieron la paciencia y cometieron un error, contraatac√≥. El joven guerrero nunca hab√≠a perdido una batalla.

Conoc√≠a la reputaci√≥n del viejo samur√°i, por lo que quer√≠a derrotarlo para aumentar a√ļn m√°s su fama. Los disc√≠pulos del maestro se opusieron, pero el anciano acept√≥ el desaf√≠o.

Todos fueron a la plaza, donde el joven guerrero comenzó a provocar al viejo samurái:

Ella lo insultó y le escupió en la cara. Durante varias horas hizo todo lo posible para que el viejo samurái perdiera los estribos, pero permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.

Decepcionados de que su maestro aceptara tantos insultos y burlas sin reaccionar, sus discípulos le preguntaron:

- ¬ŅC√≥mo pudiste soportar tanta indignidad? ¬ŅPor qu√© no usaste tu espada, a pesar de que podr√≠as haber perdido en lugar de mostrarte como un cobarde frente a todos nosotros?


El anciano respondió:

- Si alguien viene a ti con un regalo y no lo aceptas, ¬Ņa qui√©n pertenece el regalo?

"Quien trató de entregarlo, por supuesto", respondió uno de los discípulos.

- Lo mismo ocurre con la envidia, la ira y los insultos - explicó el maestro - Cuando no los aceptas, siguen siendo de quien se los llevó.

Moral: este ensayo nos dice que debemos medir nuestras reacciones porque cuando nos enojamos con los dem√°s, lo que realmente estamos haciendo es darles el control de la situaci√≥n. Muchas personas act√ļan como camiones de basura, dispuestas a dejar sus frustraciones y enojos donde se les permite.


  1. El frasco de la vida

Un profesor quería animar a sus alumnos a reflexionar sobre la vida. Sacó un frasco de debajo de la mesa y lo colocó encima. Luego sacó una docena de pelotas de golf y comenzó a ponerlas una por una en el frasco.

Cuando la jarra se llenó hasta el borde, preguntó a sus alumnos:

- ¬ŅEst√° lleno este frasco?

Todos repitieron un rotundo sí.

Luego les preguntó:

- ¬ŅEst√° seguro?

Y sac√≥ un peque√Īo cubo lleno de peque√Īas piedras de debajo de la mesa. Las arroj√≥ al frasco y las movi√≥, de modo que las piedras encajaran en los espacios entre las pelotas de golf.

Cuando terminó, volvió a preguntar si el frasco estaba lleno.

Esta vez el p√ļblico ya imagin√≥ la respuesta y uno de los participantes dijo en voz alta: "Probablemente no".

Muy bien, dijo el profesor. Sacó un saco lleno de arena de debajo de la mesa y comenzó a tirarlo en el frasco. La arena se posó en los espacios entre las bolas y las piedras.

Una vez m√°s pregunt√≥ a los chicos: ¬ŅEst√° lleno el frasco?

Esta vez, los estudiantes pensaron que estaba lleno, ¬°era imposible ponerle nada m√°s!

- ¬ŅCu√°l crees que es la ense√Īanza de esta peque√Īa demostraci√≥n?

Uno de los estudiantes levantó la mano y dijo:

- La ense√Īanza es que no importa cu√°n llena sea tu agenda, si lo intentas, siempre puedes incluir m√°s cosas.

- ¬°No! - respondi√≥ el profesor - la ense√Īanza es que si no pones las bolas y piedras m√°s grandes primero, no podr√°s ponerlas despu√©s.

Moral: En la vida, como en el frasco, tenemos que preocuparnos por esas cosas o personas realmente importantes, que representan las pelotas de golf. Si perdemos nuestro tiempo en trivialidades o proyectos que no nos satisfacen o son significativos, al final corremos el riesgo de no tener m√°s espacio para las cosas verdaderamente importantes.

  1. El problema

Un gran maestro zen se encarg√≥ de ense√Īar a los j√≥venes disc√≠pulos que acud√≠an al monasterio. Un d√≠a muri√≥ el guardi√°n del monasterio y tuvo que ser reemplazado.

El maestro reunió a todos sus discípulos para elegir a la persona que tendría ese honor.

- Te presentaré un problema - dijo - El que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del monasterio.

Movió un mueble al centro de la habitación y colocó un enorme y hermoso jarrón de porcelana en el que había una hermosa rosa roja.

- Esa es la pregunta.

Los disc√≠pulos parec√≠an desconcertados por lo que ve√≠an: los dise√Īos sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor‚Ķ ¬ŅQu√© representaban? ¬ŅQu√© hacer? ¬ŅCu√°l fue el acertijo? Todos estaban paralizados.

Luego de unos minutos, un alumno se puso de pie, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo sacó de la parte superior del gabinete y lo colocó en el piso.

- T√ļ eres el nuevo guardi√°n - le dijo el maestro, y le explic√≥ - Lo fui muy claro, te dije que estabas frente a un problema. No importa cu√°n fascinantes o raros sean, los problemas deben resolverse.

Moral: este cuento nos advierte de los peligros de quedarnos estancados en la contemplación del problema, lo que a menudo ocurre en la vida cotidiana, cuando seguimos reflexionando sobre la situación a resolver, posponiendo la solución, muchas veces por miedo. En cambio, deberíamos aprender a lidiar con eso. Debemos recordar que muchas veces el peso de los problemas no resueltos es mayor que las consecuencias de los mismos.

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