Cuanto más le gusten sus decisiones, menos necesitará que a los demás les gusten

Cuanto más le gusten sus decisiones, menos necesitará que a los demás les gusten

Cuanto más te aceptes a ti mismo, menos dependerás de la aceptación de los demás. Es una máxima que podemos aplicar a nuestra vida. Cuando somos plenamente conscientes de nuestro potencial y nuestras limitaciones, cuando nos conocemos lo suficientemente bien y nos sentimos cómodos con quienes somos, no vamos a depender de la aprobación de los demás. Por lo tanto, cuanto más te gusten tus decisiones, menos necesitarás que a los demás les gusten. En este sentido, es fundamental que aprendas a decidir por ti mismo.


¿Dónde surge la necesidad de aprobación?

Al nacer, somos completamente dependientes de nuestros padres o de un adulto para nutrirnos y protegernos. A medida que crecemos, gradualmente nos damos cuenta de esta adicción, que no es solo física sino también emocional. Más tarde nos damos cuenta de que necesitamos a nuestros padres porque son nuestra principal fuente de seguridad.


De esta forma, comenzamos a buscar más o menos conscientemente la aprobación y aceptación de las personas que son importantes para nosotros. Entendemos que algunos de nuestros comportamientos provocan rechazo y otros son aceptados. Lo mismo ocurre cuando entramos en la escuela y el primer grupo de amigos.

Por supuesto, este proceso de buscar aceptación y aprobación es perfectamente normal, es la primera “lección” que aprendemos para insertarnos en la sociedad y abandonar gradualmente nuestra posición egocéntrica.

Sin embargo, a medida que ganamos autonomía e independencia, la búsqueda de aprobación debe disminuir. El problema es que a veces el condicionamiento que recibimos en nuestra niñez es tan fuerte que muchas personas no logran cortar ese cordón umbilical. Luego se vuelven dependientes de las opiniones de los demás y su estado de ánimo fluctúa según las críticas o elogios que reciben.


La señal tangible de que puede depender demasiado de las opiniones de los demás es cuando tiene que tomar una decisión y no solo pensar en lo que será mejor para usted, sino también en lo que pensarán los demás. En el peor de los casos, terminarás tomando una decisión que no te satisfará solo porque sabes que complacerá a los demás. No tomarás la decisión que quieras sino la que el conformismo social te exige.


La autoaceptación como pilar de la verdadera independencia

"No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es tratar de complacer a todos", dijo el actor estadounidense Bill Cosby. Tratar de complacer a los demás es una garantía de que no te agradarás a ti mismo. En la búsqueda de la aprobación y aceptación social, puede terminar perdiendo la conexión con usted mismo.

Si cada vez que tienes que decidir miras a tu alrededor, preguntándote qué pensarán los demás, perderás la conexión con tu "yo". Para estar en contacto con tus necesidades, sueños y deseos, tienes que mirar dentro de ti. Si siempre te preguntas "¿qué quieren los demás?" en lugar de "¿qué es lo que quiero?", te estarás silenciando, por lo que no es de extrañar que llegue un momento en el que, cuando te preguntes qué es lo que realmente quieres, no puedas encontrar una respuesta.

La autoaceptación es una de las formas de salir de esta trampa. No debemos olvidar que la búsqueda de la aprobación externa se debe a que no nos aprobamos internamente. Buscamos en los demás lo que no hemos podido dar.


Esto es lo que el psicólogo Vygotsky llamó la "ley de la doble formación de los procesos psicológicos", según la cual todos nuestros procesos psicológicos tienen un origen social. Esto quiere decir que todo proceso psicológico aparece dos veces durante nuestro desarrollo: primero en el campo interpsicológico y luego en el intrapsicológico, primero en la relación con los demás y luego en la relación con nosotros mismos.


Esto significa que en lugar de buscar la aceptación y aprobación externas, debemos buscarlas dentro de nosotros mismos. Cuando aceptamos nuestros éxitos y fracasos, siendo conscientes de nuestras fortalezas y debilidades, desarrollamos un yo sólido que dependerá cada vez menos de las opiniones de los demás.

Cuanto más seguros estemos de las decisiones que tomamos, aunque siempre conlleven un cierto grado de riesgo e incluso la posibilidad de equivocarnos, menos seguridad tendremos que buscar en el exterior. Esta confianza se adquiere cuando entendemos que no podemos evitar cometer errores, pero que cada error es una experiencia de vida que nos enseña algo o nos hace más resilientes.


En ese momento seremos verdaderamente maduros. Solo así podremos ayudar a otras personas a liberarse de las cadenas de la búsqueda de la aprobación social, liberándolas así de las expectativas que también tenemos de ellas.


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