Contagio emocional: ¿cómo transmitimos nuestras emociones a los demás?

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Robert Maurer
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Contagio emocional: ¿cómo transmitimos nuestras emociones a los demás?

Última actualización: 02 agosto 2017

¿Alguna vez le has sonreído a tu interlocutor y que él te devolviera la sonrisa? ¿Has notado lo que sucede cuando te sientas al lado de alguien que está triste y te cuenta lo que le pasó? ¿Cómo se sienten los aficionados cuando su equipo marca un gol? La respuesta a estas preguntas se encuentra en un fenómeno conocido como contagio emocional. Veamos qué es.



Cada vez que interactuamos con una o varias personas, se activan los mecanismos de contagio emocional. Cuando estamos con nuestra pareja, con un grupo de amigos o en el trabajo, nuestras relaciones se ven afectadas por la forma en que nos dirigimos a los demás.

De esta forma y de acuerdo con la teoría de Daniel Goleman, cada uno de nosotros es en gran parte responsable de los sentimientos de las personas con las que interactuamos todos los días, tanto positiva como negativamente. Sin embargo… ¿qué mecanismos tienen esta tarea?

Las emociones se contagian

La forma en que el conductor del autobús o nuestra pareja nos saluda al comenzar el día puede hacernos sentir ignorados, resentidos o, por el contrario, valorados. Las emociones, aunque sean invisibles, se contagian como si fueran un virus, y lo hacen a través de un intercambio subterráneo en cada una de nuestras relaciones, y las percibimos como negativas o positivas.

La transmisión de emociones es un proceso primitivo e inconsciente que actúa como sincronía y parte de nuestra supervivencia. A través de los diferentes mecanismos, las personas realizan una danza emocional para sintonizar sus expresiones faciales. Todo comienza con una sonrisa, una expresión de enfado o unas lágrimas. Basta ver a alguien expresar una emoción para que el mismo estado de ánimo nos contagie.



Sin embargo, genéticamente hablando, todos estamos predispuestos a participar en este contagio, hay personas que tienen una mayor capacidad para transmitir emociones o para contagiarlas a los demás. Personas hipersensibles que son como esponjas emocionales capaces de absorber cualquier vértice emocional que se produzca en su entorno, o las HSP (Highly Sensitive People). Sin embargo, también existe la otra cara de la moneda, es decir, las personas incapaces de sentir emociones, como los psicópatas. Sin embargo, ¿quiénes son los responsables de este contagio emocional?

El papel de las neuronas espejo en el contagio emocional

En el cerebro hay un grupo de neuronas que, según Daniel Goleman, funcionan como un "wifi neuronal" para conectarnos con otros cerebros y que reflejan en nosotros lo que observamos en los demás. Son neuronas espejo. Gracias a ellos, por ejemplo, nos emocionamos cuando vemos una película o nos preocupamos cuando alguien se lastima.

Cuando las neuronas espejo se activan, activan los mismos circuitos cerebrales que están activos en la persona que observamos. Para ello, podemos sentir una emoción como la nuestra, aunque no la sintamos de primera mano. Gracias a ellos ya distintas zonas del cerebro, como el lóbulo de la ínsula, se explican fenómenos como el contagio emocional.

Es común preguntarse quién es la persona que marca el tono emocional de un grupo. Según algunos estudios, será el miembro más expresivamente emocional si se trata de un grupo similar. Bueno, si es un contexto laboral o escolar, en el que hay diferencias de poder, la persona más fuerte definirá el estado emocional del resto del grupo. 


Empatía vs contagio emocional

Mucha gente, al hablar del fenómeno del contagio emocional, lo asocia con la empatía; sin embargo, incluso si tienen algunos puntos en común y, a veces, uno usa el otro, no son lo mismo.



Empatizar significa ponerse en el lugar de la otra persona, teniendo en cuenta su perspectiva de vida y sus sentimientos. Es un arte que no todo el mundo es capaz de aplicar en sus relaciones con los demás, pero que sería útil si se utilizara más a menudo. Este ponerse en los zapatos de los demás no implica privarse de sus sentimientos y emociones. Simplemente tenga en cuenta que hay otros y trate de entenderlos.

Por otro lado, el contagio emocional lleva a hacer propias las emociones de los demás y al no poder librarse de ellos, sufriendo las consecuencias.

Para entender la diferencia, podemos pensar que la empatía es como sumergirse en agua y el contagio emocional, en cambio, corresponde a beber un vaso de agua. En el primer caso lo hacemos para conocer y comprender el comportamiento de este fluido, en el segundo, para hacerlo parte de nosotros.


Pues bien, esta diferencia no implica que en un momento dado uno no necesite del otro, porque para poder empatizar son necesarias pequeñas dosis de contagio emocional, pero sin ser víctima de un secuestro emocional. Esto no quiere decir que el contagio emocional sea negativo, pero nos priva de autonomía y es bienvenido con emociones positivas! ¿A quién no le gusta ver a una persona riéndose a carcajadas y contagiándonos de su hilaridad?

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