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    Comunicación: 3 trampas en las que siempre caemos

    Quien soy
    Robert Maurer
    @robertmaurer
    FUENTES CONSULTADAS:

    wikipedia.org

    Valoración del artículo:

    Advertencia de contenido

    La comunicación está presente en toda relación humana y es una de nuestras necesidades elementales. Hablar nos permite conocer a otra persona, descubrir un mundo diferente al nuestro y, finalmente, enriquece nuestra red de apoyo.

    Sin embargo, hay momentos en que la comunicación afecta las relaciones y las compromete seriamente. Hay ocasiones en las que las palabras se convierten en motivo de malentendidos y conflictos y acaban generando estrés y tensión. Cuando esto sucede, generalmente se debe a que una de las dos personas ha sido víctima de algunos de los problemas de comunicación.



    1. Lectura mental

    Algunas personas parecen haber nacido para caer en esta trampa; de hecho siempre caen en ello. Un ejemplo común es alguien que se enoja con su pareja porque ha olvidado algo. Sin embargo, en lugar de decírselo a la otra persona, la persona se encierra en sí misma esperando que el otro lo descubra por sí mismo. Cuando esto no sucede, la persona se enoja aún más y, como resultado, se vuelve agresiva y genera una pelea.

    Esta actitud se denomina "lectura de la mente", porque en este caso asumimos que la otra persona debe comprender lo que estamos pensando y sintiendo sin que nosotros lo digamos. Adoptar esta actitud es como pasarle la patata caliente al otro, descargar responsabilidades y distanciarse emocionalmente.

    Si la otra persona no te conoce lo suficientemente bien o está demasiado ocupada con sus problemas, probablemente no sepa lo que está pasando. Como resultado, la comunicación se verá interrumpida y experimentaremos un sentimiento de insatisfacción.

    Evidentemente, la solución es bastante sencilla: expresar lo que queremos, sentimos o sentimos.

    2. La esfera mágica Las oraciones ambiguas se encuentran entre las principales causas de malentendidos en las relaciones. Cuando las palabras pueden tener diferentes significados, la otra persona puede interpretarlas de manera incorrecta, refiriéndose a su contexto. Uno de los ejemplos clásicos es la oración: "Sí, sí, haces mucho ..." Esta oración puede dar lugar a a diferentes interpretaciones, según el contexto comunicativo y el tono de voz utilizado. Podría indicar que la persona está haciendo todo lo posible o, por el contrario, no está haciendo lo suficiente. La forma en que interpretemos esta frase depende no solo del tono de voz, sino también de nuestra historia previa con esa persona o incluso de cómo nos sentimos ese día en concreto. . Por tanto, la interpretación que damos se define como una "esfera mágica" ya que implica que analizamos un mensaje que es ambiguo desde nuestro punto de vista, dándole una interpretación muy subjetiva que muchas veces lleva a discusiones. La solución es muy simple: pregunte eso es lo que el otro quiere decir exactamente antes de sacar cualquier conclusión.
    3. El método indirecto En este caso, evitamos el tema que causa el conflicto y nos quejamos de otras cosas, hablamos del problema de todos modos pero usando oraciones genéricas e incompletas sin ir directamente al grano. Es una trampa en la que tendemos a caer muy a menudo, especialmente cuando no encontramos la forma correcta de expresar nuestra preocupación y tenemos miedo de cómo la verá el otro. Un ejemplo del método indirecto es cuando usamos frases como "nunca te preocupas por mí" o "siempre pasa así". Normalmente estas frases aparecen en un contexto específico y quieren expresar dos cosas: 1. Que la persona no se siente bien en esa situación particular y 2. Siempre han sucedido cosas similares en el pasado y te gustaría que no se repitieran. Otro ejemplo es cuando la persona reacciona de forma exagerada ante un pequeño error, cuando en realidad lo que le preocupa es otra cosa. Evidentemente, cuando alguien recibe críticas vagas o indirectas, se siente agredido y responde de forma agresiva, creando un contexto comunicativo muy negativo, la solución es detenernos a pensar en lo que realmente nos preocupa y encontrar las palabras adecuadas para transmitir el mensaje.
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