Comida y emociones: ¡una combinación fantástica!

Comida y emociones: ¡una combinación fantástica!

Comida y emociones: ¡una combinación fantástica!

Última actualización: 17 de junio de 2015

¿Alguna vez has escuchado la frase "el hombre es lo que come"? No hay nada más cierto y menospreciado. Seguro que has leído en mil artículos diferentes que hay que comer sano, que la comida rápida es mala, que no hay que pasarse con los azúcares, etc. Cada día se te ofrecen cientos de productos para que logres la llamada dieta ideal.



Sin embargo, rara vez somos conscientes de lo que comemos y por qué lo comemos. Prestamos atención a estas cosas solo cuando queremos reducir nuestro peso o cuando estamos enfermos: para la mayoría de las personas, la nutrición es mucho más una cuestión de gusto que un análisis cuidadoso. Al hacerlo, no creemos que lo que comemos influya en cómo nos sentimos.

Lo que comemos nos habla de nuestras emociones

Estamos más inclinados a comer ciertos alimentos y rechazar otros, pero no somos conscientes de por qué lo hacemos. También solemos cambiar de hábitos: hay momentos en los que mataríamos por un helado y otros en los que el sabor del postre nos repugna. ¿Cuáles son los mecanismos que intervienen en estos casos?

Los eruditos argumentan que existe una relación directa entre la cantidad de energía que creemos necesaria para nuestro organismo y la tendencia a consumir determinados productos. El gusto por el café, el té negro, el té verde o la carne está asociado a una percepción interna de falta de energía. La pasión por los dulces y el alcohol, en cambio, representa la sensación de tener un exceso de energía y por tanto necesitar compensar la ansiedad que se ha generado en nosotros.



El consumo de estos alimentos, que aparentemente nos ayudan a regular la energía, provoca una alteración del PH en la sangre, lo que hace que esta se vuelva más ácida. Es en este punto que, desde el punto de vista físico aparecen problemas digestivos y desde el punto de vista emocional aumentan la irritabilidad, la depresión, la ansiedad y los miedos.

Los expertos también demostraron que los humanos somos buscan sabores dulces cuando experimentan sentimientos de abandono o falta de afecto: no es raro intentar paliar periodos de crisis existencial mediante el consumo de chocolate.

Se han realizado varios estudios sobre los denominados "comida chatarra”, Caracterizado por sabores muy fuertes, pero también por el aporte muy bajo de nutrientes. Los resultados indican que quien se inclina por este tipo de dieta está en busca (inconsciente) de un estado de indiferencia: no quieren pensar ni sentir, prefieren mantenerse alejados de todo, evitando observar el entorno que les rodea. Es una especie de barrera protectora para evadir sentimientos internos que no les hacen sentir bien.

Comer para estar emocionalmente equilibrado

La nutrición es de gran ayuda para conseguir el famoso equilibrio entre mente y cuerpo, del que tanto hablaban los antiguos griegos. Según los expertos, el grupo de alimentos que más contribuye a la estabilidad de las emociones es el de los cereales. Son ricas en vitamina B, que actúa directamente sobre el sistema nervioso. Se ha demostrado que el consumo frecuente de cereales incide en la reducción de la ansiedad y en una actitud positiva ante la vida.


Ciertos alimentos, consumidos de forma exagerada, aumentan la producción de adrenalina, la desconcentración y la tendencia a querer huir. En este grupo se incluyen los estimulantes (café y té), el alcohol, los azúcares refinados, las harinas blancas, la leche entera y ciertas frutas de sabor fuerte como la piña, el plátano, el aguacate, el mango, la papaya y el coco.


Otros alimentos, ingeridos en grandes cantidades, provocan un efecto de pasividad, deseo de aislamiento y dificultad en la acción. Estos son grasas saturadas, quesos salados y secos, huevos, embutidos y sal.

Los alimentos que se pueden consumir regularmente para equilibrar las emociones y mantener el cuerpo saludable son las frutas secas, las verduras frescas, las proteínas vegetales, los cereales, las pastas integrales, los pescados y los mariscos.


También te aconsejamos que comer con calma y posiblemente en buena compañía: esto aumentará el poder nutricional de cualquier alimento.

Imagen cortesía de Juan Ramón Rodríguez Sosa

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