Apego: la mayor causa de sufrimiento

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Joe Dispenza
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Apego: la mayor causa de sufrimiento

Última actualización: 26 2015 noviembre

“Los enemigos como el odio y el apego no tienen piernas, brazos u otras extremidades, y no tienen coraje ni habilidad. ¿Cómo, entonces, me hicieron su esclavo?

-Shantideva-

A decir verdad, la especie humana es una de las más frágiles de la naturaleza. Cuando nace un bebé, necesita a su madre en todos los aspectos para poder sobrevivir. Un cachorro de león, un pez o incluso una lagartija vienen al mundo listos para independizarse pronto.



Está comprobado que la necesidad de los demás no surge sólo en relación con las necesidades básicas, como la alimentación o el calor. También existe una profunda necesidad emocional desde el comienzo de nuestra vida: los niños que no son acariciados a menudo se enferman.

La necesidad que todos tenemos de los demás es un factor que no se discute. Como especie, nos necesitamos unos a otros. Sin la presencia de otro ser humano a nuestro lado, palidecemos y morimos.

Hay uno Gran diferencia, sin embargo, entre ese vínculo instintivo que nos permite sobrevivir y las adicciones neuróticas que a veces desarrollamos en la edad adulta.

Los laberintos del apego

Por paradójico que parezca, la autonomía sólo puede lograrse después de haber experimentado una dependencia completa.

Durante la infancia nos apegamos a figuras de referencia que sustentan nuestra seguridad emocional

El mecanismo es sencillo: poder contar con alguien en la infancia cada vez que necesitamos protección conduce al desarrollo de un sentimiento de confianza hacia el mundo y los seres humanos. Esto nos permite alcanzar la independencia una vez que somos adultos.



En la infancia, todos necesitamos una madre o alguien que ocupe su lugar. Sin embargo, esa cifra no siempre está ahí para nosotros.

A veces trabaja y se ve obligada a dejar a su pequeño en la guardería o en un jardín de infantes desde temprana edad. En otras ocasiones, está tan ocupada con sus propios problemas que no tiene tiempo para dedicarse total y sinceramente a su hijo, incluso cuando lo necesita o tal vez tiene que cuidar a otros hermanos, incluso si necesitamos desesperadamente. tenerla toda para ella sola.

También puede ocurrir que sienta una angustia tan fuerte por su condición de madre, que vuelque sobre sus hijos todas las inseguridades que la atormentan, volviéndose en esos casos sobreprotectora, como si el mundo fuera una amenaza constante.

En estos y otros casos, el niño se ve obligado a crecer con una sensación de vacío emocional. Cada vez que tenga que enfrentarse solo a un problema, la ansiedad crecerá en exceso, así como enfrentarse a la libertad de elección.

Secretamente anhelará una figura que reemplace a la madre ausente, ya sea para siempre o en un momento dado.

Es por esta razón que buscamos en la pareja una persona que nos dé todo, sin esperas. Esperamos que se abandone a nosotros incondicionalmente y que sienta frustración cada vez que se muestre indiferente o desapegado. Vivimos con el miedo de perder a esas personas. que estamos convencidos de que pueden llenar el vacío que tenemos dentro.

Del apego a la autonomía

El apego a otras personas es importante y necesario durante toda la vida. Desde que nacemos hasta que morimos, necesitamos de los demás para poder preservar nuestra salud física y emocional. No importa si somos inversionistas exitosos o amas de casa. Todo el mundo necesita a los demás.



El problema surge cuando esta necesidad se convierte en ansiedad.. Cuando sentimos que si nos dejan solos volveremos a transformarnos en ese niño indefenso que quedó paralizado ante las amenazas del mundo.

Para escapar de esta ansiedad, hay varias estrategias a implementar. Uno de ellos es el ya mencionado en el párrafo anterior: buscando una figura que nos tranquilice pronunciando la promesa imposible “siempre estaré ahí y nunca te dejaré solo”.


Otra posibilidad es optar por el factor contrario: evitar a toda costa crear vínculos adictivos con otras personas, de tal manera que nunca más tengas que experimentar una sensación de abandono.

A veces también puede volverse cauteloso, desconfiado y demasiado exigente. Esperar mucho más de los demás de lo que nos pueden dar, culpando constantemente a sus defectos y limitaciones. Como si fuéramos pequeños dictadores frustrados porque no pueden controlar a los demás como les gustaría.

Sin embargo, el sufrimiento sigue siendo el elemento constante del apego. Sufrimos para tratar de mantener con nosotros a ese benefactor que nos ha "adoptado", ya sea un compañero, un jefe, un amigo, etc.

Sufriremos ante la soledad de no poder establecer vínculos íntimos con los demás. Sufriremos por la incapacidad de apreciar a los seres humanos tal como son.


Ellos dijeron eso la fruta es la única que madura. Los seres humanos podemos tener 30 o 50 años, pero todavía tenemos los mismos miedos que cuando éramos niños.

Tal vez eso no sería una mala idea reflexionar sobre cuáles son esos vacíos en la infancia que ahora nos llevan a apegarnos neuróticamente a los demás.

Quizás, tarde o temprano en nuestra vida adulta, podamos renunciar para siempre al deseo imposible de tener a alguien que asuma las características de la madre ideal que nunca tuvimos.

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