Analfabetismo emocional: cerebro sin corazón

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Robert Maurer
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Analfabetismo emocional: cerebro sin corazón

Escrito y verificado por el psicólogo. ObtenerCrecimientoPersonal.

Última actualización: 15 2021 noviembre

Hay muchas personas que sufren de analfabetismo emocional. Son expertos en dominar múltiples habilidades, tienen una infinidad de títulos y habilidades, pero tienen el mismo manejo emocional que un niño de tres años. No nacemos con esta capacidad, nos guste o no deberíamos dedicarle más recursos.

La mayoría de nosotros sabemos cuáles son los principios de una buena salud física, a saber: una dieta equilibrada y lo más natural posible, hacer ejercicio, dormir entre 7 y 9 horas cada noche y someternos a controles médicos periódicos para asegurarnos de que todo está bien.



"Cuando escuchas con empatía a otra persona, le das a esa persona un aire psicológico".

-Stephen R. Covey-

Sin embargo, un elemento que pasamos por alto de manera alarmante se encuentra entre nuestros oídos: el cerebro. No nos referimos a ese conjunto de células nerviosas, estructuras y circunvoluciones. Debemos prestar atención a los indicadores de nuestra salud emocional, es decir, en esa capacidad de sentir la vida y las relaciones, en el estado de esa facultad, para comprender, controlar y cambiar los estados de ánimo propios y ajenos.

El ser humano es mucho más que una serie de habilidades lingüísticas, matemáticas o tecnológicas. Somos ante todo seres sociales y emocionales, dimensiones que a menudo se pasan por alto y incluso subestimado en las instituciones educativas. Porque, seamos realistas, no necesitamos mucho saber cómo resolver una ecuación de segundo grado si no somos capaces de comunicarnos de manera efectiva y sentir empatía por las personas que nos rodean.

Analfabetismo emocional: ¿qué es?

Sabemos que el término “analfabetismo” tiene una connotación negativa, sin embargo, no podemos llamar de otra manera a una más que evidente realidad psicosocial. Pongamos un ejemplo: hoy en día se habla mucho de la figura de los líderes transformacionales. Son personas que son capaces de dinamizar una organización gracias a su buen manejo de la inteligencia emocional, la motivación, su don para impactar en los demás y crear entornos en los que las personas puedan hacer uso de su creatividad.



A veces se venden ideas que, en realidad, brillan por su ausencia. Es bastante habitual, por tanto, encontrar directivos o ejecutivos de empresa que no son incapaces de inspirar a los demás y controlar sus emociones, frustración, ira… Son como Niños de 3 años que se enojan porque no consiguen lo que quieren, completamente atrapados en ese pensamiento egocéntrico definido por Piaget.

Veamos, sin embargo, cuáles son las dimensiones que caracterizan el analfabetismo emocional:

  • Incapacidad para comprender y manejar sus emociones.
  • Dificultad para comprender las emociones de los demás.
  • Esta falta de autoconciencia emocional a menudo los coloca en un terreno muy delicado. Reaccionan de forma exagerada ante cualquier problema, se sienten agobiados y agobiados ante cualquier dificultad, sea pequeña o grande.
  • No se identifican entre sí, son incapaces de ponerse en el lugar del otro, de comprender realidades distintas a la suya.
  • Sus habilidades sociales son muy rígidas y aunque pueden desarrollarse por momentos, carecen de sensibilidad, asertividad y esa auténtica cercanía con la que crear vínculos significativos y no sólo relaciones motivadas por el interés propio.
  • Por otro lado, los costes del analfabetismo emocional pueden ser enormes: pensamiento polarizado, represión, racismo o sexismo, narcisismo, la obsesiva necesidad de tener la razón…

Hay un hecho adicional, no menos importante, que debe recordarse. El analfabetismo emocional, o la falta de recursos psicológicos y mecanismos emocionales con los que gestionar mejor dimensiones como la tristeza, la ira, el miedo o la decepción, nos hace muy más vulnerables a una serie de trastornos mentales.


Condiciones como la depresión o los estados de ansiedad crónica son muy comunes en perfiles con poca o ninguna capacidad para gestionar mejor estos estados interiores.

La importancia de educar en inteligencia emocional

“Tenemos que educar en inteligencia emocional”, tenemos que entrenar en esta habilidad, ser más capaces en materia emocional. Lo hemos escuchado demasiado, leído en libros, tomado cursos y asentimos con la cabeza cada vez que se nos recuerda lo importante que es tener una mayor competencia en esta habilidad.


Sin embargo, las brechas siguen existiendo. Si bien este objetivo ya está presente en los currículos de algunas escuelas, no podemos ignorar algo que es de igual o mayor importancia. Antes de que los maestros y profesores eduquen a los niños para que dominen el pensamiento y las emociones, ellos también deben recibir instrucciones previas.

"Tu intelecto puede estar confundido, pero tus emociones nunca te mentirán".

-Roger Ebert-


spesso nosotros mismos llegamos a la edad adulta con muchas inseguridades. Nos levantamos todos los días conscientes de que nos faltan herramientas para dominar nuestras emociones, así como algunas habilidades para afrontar mejor las adversidades. De esta forma, si no empezamos primero por nosotros mismos alcanzando una autoconciencia de nuestro analfabetismo emocional, difícilmente tendremos ese talento necesario para motivar a los más pequeños, para formarles en la empatía, la asertividad o las habilidades sociales…

Una buena "alfabetización emocional" nos ofrece grandes beneficios. En primer lugar aprenderemos que cada emoción tiene su espacio y su utilidad, que la diferenciación entre emociones "negativas" y "positivas" no siempre es acertada, porque en realidad las que muchas veces evitamos sentir, como la tristeza o la desilusión, tienen sus espacios de conocimiento, su utilidad y su preciado significado.


De las emociones, por tanto, no hay escapatoria, se enfrentan para saber qué nos quieren decir. Es una sensacional vía de autoconocimiento que nos da fortalezas, que ofrece a nuestra mirada un espectro más amplio y flexible. No dejamos de lado y no despreciamos la necesidad de estar “actualizados” en materia emocional. Cuidemos estos mundos interiores donde podemos reconocer, expresar, gestionar y transformar estos sentimientos para que fluyan siempre a nuestro favor y no en nuestra contra.

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