5 hábitos mentales que consumen toda tu energía

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5 hábitos mentales que consumen toda tu energía

Los hábitos mentales nos hacen flotar o hundirnos. La ejecución de un procedimiento mental que nos daña implica un gran gasto de energía que acaba haciéndose sentir en todos los ámbitos de nuestra vida.

Última actualización: 24 de junio de 2022

Adoptamos y establecemos hábitos mentales sin saberlo y en ocasiones consumen más energía de la que deberían. A veces esto depende de la educación recibida, otras veces de la influencia del entorno que lo rodea, de ciertas creencias o rasgos de personalidad.



A menudo se adquieren hábitos mentales destructivos o dañinos, pero son tan automáticos que ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. Tales hábitos acaban condicionando los patrones que trazamos del mundo, las conductas y repertorios conductuales que finalmente realizamos.

Así, en muchas ocasiones acabamos construyendo una vida con cimientos nocivos que, en muchos casos, desencadenan reacciones en cadena que provocan un intenso malestar o insatisfacción. Algunos hábitos mentales se caracterizan por el consumo de gran parte de la energía vital. Los presentamos en los siguientes párrafos.

“Ser conscientes de nuestros prejuicios, el grado de responsabilidad que tenemos o en qué casos nos sentimos cómodos habla de la calidad de nuestra vida”.

-Ángel Rull-

Hábitos mentales contraproducentes

1. Evita responsabilidades

No comprometerse o posponerlo todo son hábitos mentales que acaban consumiendo energía. Esto se expresa en el tendencia a asumir un papel pasivo frente a las responsabilidades. Es cierto para el trabajo, pero también para la pareja, la familia y la sociedad.

En este caso, una persona actúa de acuerdo a lo que otros piden o hacen. Está convencida de que no puede oponerse ni resistirse a lo que le impone el contexto. Detrás de esto hay una falta de responsabilidad hacia uno mismo.



Este es un hábito mental contraproducente porque los esfuerzos y los objetivos se orientan hacia realidades ajenas. No te enfocas en tus metas y tus sueños se desvanecen.

2. No saber lo que quieres, uno de los hábitos mentales que consumen energía

La planificación de acciones en busca del refuerzo equivocado también puede convertirse en un hábito mental. Suele ocurrir cuando tratamos de ganar refuerzo social sacrificando nuestros deseos o la satisfacción de nuestras necesidades reales. Como en el caso anterior, el ego pasa a un segundo plano.

La verdad, sin embargo, es que casi todos sabemos lo que queremos, pero a veces tenemos miedo de confesarlo, porque esto genera una responsabilidad íntima y totalmente personal. El miedo al fracaso o la sensación de que los deseos de uno no importan también pueden entrar en juego.

La duda y la vacilación continuas consumen mucha energía vital. A veces elegir los objetivos a perseguir es más difícil y fatigoso que las acciones necesarias para alcanzarlos. Cuando la incertidumbre es un elemento distintivo presente y continuo, seguramente habrá agotamiento emocional y cognitivo.

3. Falta de mentalidad de escasez

Hablamos de una mentalidad de escasez cuando la perspectiva de una persona se caracteriza por el hábito mental de verse en estado de deficiencia. Muy frágil, no tan fuerte, falto de algo… El punto común es un sentimiento de inutilidad que condiciona las acciones, por lo tanto la vida.

Este hábito mental termina resultando en pasividad, falta de optimismo, miedo constante y falta de iniciativa. Las situaciones resultantes generalmente no son muy gratificantes. Además de esto, conductas similares acaban generando círculos endémicos.


Lo que sucede en este caso es que se alimenta de un límite que sólo existe en la mente. Al llevar la vida con ese límite como punto de partida, la visión se acorta y las posibilidades de mejora se reducen. Esto provoca malestar frecuente que afecta la energía emocional.



4. Hábitos mentales nocivos: preocuparse constantemente

La preocupación puede ser inevitable a veces, pero también es un hábito inútil y estresante si se continúa indefinidamente. Tendemos a pensar que esta es una forma de solucionar el problema o de reducir su gravedad, en realidad provoca agotamiento y angustia emocional.

5. Intenta cambiar a los demás

Está claro que todo el mundo puede cambiar si quiere. Sin embargo, este cambio no puede ni debe imponerse, ya que no es ni útil ni moralmente aceptable. Sobre lo que tenemos poder es sobre la elección de las personas que entran en nuestra vida.


Por el contrario, cuando alguien cambia a nuestro gusto, no solo encontraremos frustración, sino que mostraremos intolerancia hacia esa persona. Tienes que aceptar cuando no eres compatible con otro individuo.

Conclusiones

Ciertos hábitos mentales se pueden contrarrestar con un ejercicio de atención plena. En primer lugar, es importante señalar las ideas o creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Entonces somételos al filtro de la razón y combátelos con hábitos positivos.

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